Crítica | Ángel Stanich: El costumbrismo tiene una nueva banda sonora

Crítica | Ángel Stanich: El costumbrismo tiene una nueva banda sonora


[Guillermo Rodero] @ecosdelvinilo | @GuilleRodero  

Hace poco leí a Ángel Stanich diciendo que la única voz con autoridad en España para hablar de él es Raúl Cimas. Bueno, yo siento no ser Raúl, de verdad que sí. Pero vamos a intentarlo. Aunque eso sí, no voy a ser breve.

El pasado viernes 22 de octubre veía la luz el tercer y, hasta el momento, último disco de Ángel Stanich, Polvo de Battiato. El artista ha prometido y perjurado que dicho título no tiene nada que ver con la realidad. Es decir, que no se hizo por la muerte de nadie, en todo caso sería algo parecido a una predicción. Me lo creo. 

Y me lo creo porque el cantante cántabro posee un aura de profeta de las que no puede sacudirse uno así como así. Su aspecto, su voz característica, sus letras ácidas y su reticencia a dar entrevistas…Todo ayuda a conformar ese aire místico y extraño que le rodea.

Por supuesto, este último disco no iba a ser algo diferente. Desconozco si Berlanga o Cuerda sabían tocar la guitarra y conocían del arte de componer. Pero si lo hiciesen y hubiesen vivido hoy en día, el disco que habrían sacado no sería muy diferente a este que nos ocupa hoy.

El surrealismo y el costumbrismo no es que se den la mano en este trabajo. Ambos estilos se abrazan, echan un polvo sobre la mesa y se prometen amor eterno. Así son las cosas aquí. Una radiografía cantada de una sociedad que no tiene por qué gustarnos pero que es la que nos ha tocado vivir. Algo así como un bestiario de los grupos de diferente pelaje que campan a sus anchas por el reino. Desde negacionistas consumados a modernos hipsters con ansias de pastor, todo cabe en el baúl de Stanich. De hecho, algo maravilloso es cuando uno mismo se identifica en uno de esos grupos y la burla se torna en cierta vergüenza. Pero oye, que aquí estamos para conocer al resto y para conocernos a nosotros mismos.

El álbum consta de 10 canciones que suponen más de 49 minutos de música, lo que no encaja con las canciones cortas y facilonas que se destiñan hoy en día. Pero no preocuparse, hay un tramo de 20 minutos (los que abarcan Nazario, Rey Idiota, La Valla y Dos Boy Scouts de Mierda) que da sentido a todo lo demás. En esas cuatro canciones, todas inéditas salvo Rey Idiota, se hace un ejercicio de excelencia que pivota entre interminables referencias cinematográficas y otros tantos chascarrillos políticos, sociales y culturales.

Nazario es mejor que el gol que metió el propio Ronaldo al Compostela. Divertida, adictiva y con una métrica exquisita. Rey Idiota es la sátira de una generación que vive el mundo televisado. Acordándose de Sabrina, de José María García, de los tanques del 23-F y de Pilar Bardem, la canción se convierte en la guía de la programación televisiva de las últimas décadas.

La Valla y sus seis minutos de duración son para mí la clave del disco. Entre chistes y lamentos, contiene una frase que resume no solo al álbum, sino también al artista. Esta es «Yo soy un híbrido, canción protesta medio hit». Ahí es donde reside la naturaleza del artista, en un rincón al que no mucha gente se asoma y en el que casi nadie está cómodo. Después, Dos Boy Scouts de Mierda es un retrato de ese modernismo bucólico de quién rehúye la ciudad para buscar la tranquilidad del campo sin conocerlo si quiera. Y sí, la Coñoneta es la de Kill Bill.

Por supuesto, hay hueco para el romanticismo. Eso sí, un romanticismo atípico, no podía ser de otra manera. Aunque las canciones de Ángel sean de una interpretación más o menos libre, creo que aquí puede entenderse una referencia al sacrificio y al querer estar. Algo así como «Llevame a donde tú quieras, pero llevame». Y ahí salta la sorpresa, aparece una colaboración con Nina de Juan. Yo personalmente defiendo que es la mejor voz femenina de este país, de ahí no me muevo. Pero acostumbrado a disfrutarla en contextos diferentes como Morgan o sus colaboraciones con Quique González, no negaré mi sorpresa al encontrarla por estos lares. Sin embargo, Motel Consuelo queda redonda. Divertida y quizás algo alejada de la fórmula Stanich, pero funcional, al fin y al cabo.

En definitiva, un disco en la línea de los dos anteriores. Tres grandes trabajos que hacen de Ángel Stanich uno de los solistas más sólidos del panorama. Por supuesto, esto no sería posible sin la Stanich Band: Lete Moreno, Álex Izquierdo (ojo su conocimiento croquetil en Instagram), Víctor Pescador, Jave Ryjlen y el propio Ángel Stanich. Un conjunto glorioso que tan pronto te hace unas bases musicales de muchísima categoría como se disfrazan de Milans del Bosch para un videoclip. Como el Equipo A, siempre confiables. Reconozco que con este artista no vais a encontrar en mi ni un atisbo de objetividad, ya que me considero algo muy cercano a un hooligan. Tampoco es que me preocupe. Como escribiría Cuerda si aún viviese, «Stanich canta, yo broto».

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  1. Noniano

    Para mí «El Cariño» es la barbaridad total del disco. «La Valla» también, pero «El Cariño» toca el techo y saluda desde arriba, tanto en la letra y la historia que va desenredando como en el desarrollo instrumental. «La mecha» es otra maravilla.
    Es un disco bestial, la verdad.

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