«La devoción de Spinetta en los 70 por la lectura de Antonin Artaud fue haber encontrado en el autor, lo mismo que le pasaba a él…»
Por Redacción
A un año de la muerte del cantautor argentino Luis Alberto Spinetta, uno de los discos más recordados es Artaud, aquella transición entre Pescado Rabioso y su carrera solista. Aquel disco de los años 70 donde se puede encontrar tranquilamente la realidad actual.
Con 23 años de edad, Luis Alberto Spinetta había vivido dos finales imprevistos: la separación de Almendra, y el fin de Pescado Rabioso que culminó con una de las obras maestras más importantes del rock en español: Artaud. A pesar de los hechos históricos, todavía puede generarse el debate si el disco es completamente de Luis Alberto o de Pescado, teniendo en cuenta que al momento de su separación, Pescado Rabioso debía un disco por contrato y Luis Alberto cayó en la cuenta que tenía que seguir solo.
Sí. El nombre del disco lleva el apellido del poeta francés Antonin Artaud, principal influencia de Luis Alberto para llevarlo a cabo. La cotidianeidad del Flaco estaba acompañada de disconformidad, como las que se pueden apreciar en las obras de Antonin, junto al constante deseo de una revolución de las mentes comandada por la música. Quien escuche el disco hoy en día, seguramente sentirá también aquellas ganas de revelarse contra todo.
No hay más explicación con respecto a la separación de Pescado Rabioso de que cada músico que lo integraba se daba cuenta que su impronta era tal que no podía imponerse en una banda, y que por eso no resultó como se pensó, llevando a la separación. Black Amaya en batería, Carlos Cutaia en teclados, David Lebón en bajo y Luis Alberto Spinetta en voz y guitarras constituían demasiado talento para un envase algo pequeño.
La devoción de Spinetta en los 70 por la lectura de Antonin Artaud fue haber encontrado en el autor, lo mismo que le pasaba a él, como si le hablara a él directamente. Muchos años después en una entrevista, Spinetta reconocería que “Heliogábalo o el anarquista coronado”, “Cartas a los poderes” y “Van Gogh, el suicidado por la sociedad” fueron las obras que eligió como principal influencia para la composición de sus temas.
El análisis de las obras de Luis Alberto se lleva el concepto de extenso por el contenido poético de sus letras y sus creaciones musicales, avanzadas para la época, utilizadas como ejemplo en la actualidad. Artaud se grabó en los estudios Phonalex, a pocas cuadras de la casa de los Spinetta junto con viejos amigos del Flaco como son Rodolfo García en la batería y los coros y Emilio del Guercio en el bajo y también en los coros; que culminaron aquel disco que despedía la adrenalina eléctrica de Pescado Rabioso entrelazada con trazos de folk y algunos arrebatos rockeros. El disco fue grabado en sesiones que no demandaron mucho tiempo y las primeras tomas muchas veces eran las definitivas. Sin embargo, el criterio de Almendra también seguía en los ensayos, como aquello de lo que uno, en el fondo, nunca puede terminar de despedir.
¿Por qué un disco de tan pocas canciones puede significar tanto? Si se parte de la base que Artaud es uno de los discos más confesionales del Flaco, no puede pasarse por alto que cualquier frase del disco puede adaptarse a la vida de quien lo escucha, como si Luis Alberto supiera que lo que a él le pasó, le puede pasar a cualquiera, en cualquier aspecto. Más allá de los parámetros personales que lo llevaron a componer, Artaud es un disco que puede acomodar pensamientos “Tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo”; cuestionar una realidad violenta que todavía se puede encontrar “Con esta sangre alrededor, no sé qué puedo yo mirar” o simplemente puede ser poesía pura, como la de Antonin “Qué calor hará sin vos en verano”. Mientras tanto, en lo musical no tiene vueltas, refleja un estado de gracia. Las guitarras pasan de un estado de acústicas y ascienden al rock, sin forma exagerada ni distorsionada.
Utilizar el arte como difusión de los sentimientos más profundos es la clave. Una mezcla de sufrimiento y amor forman las raíces de lo que Lennon exteriorizó en John Lennon/Plastic Ono Band en 1970 que grabó junto a sus dos amigos Klauss Voormann y Ringo Starr, similar a lo que Spinetta logró en 1973 con Artaud y lo utilizó también como influencia.
Todas las hojas son del viento es la canción que le da comienzo al disco. Luis Alberto y su guitarra acústica. Nada más. Lo acompaña una poesía que parece estar dirigida a una mujer que acaba de ser mamá. Lo curioso es que su primer hijo, Dante, nace en 1976, lo que demuestra el contenido poético y experimental del músico. Cementerio club tiene el alma de Almendra. Un blues con swing jazzero con una eléctrica punzante y un riff realizado por Luis completa la identidad del tema. Sigue Por, aquella sonoridad realizada con una guitarra acústica, con la experimentación semántica más emprendida por el Flaco. Uno de los clásicos se asoma. Superchería. El tema parece estar dividido en tres partes, con un comienzo con rasgos de scat, seguido de una esperada composición rockera, y la tensión liberada casi al final con otro swing jazzeado. Los coros tienen un papel importante que terminan de detallar la estética de la canción. La sed verdadera continúa la línea sentimental que plasma Artaud, con tan solo una guitarra eléctrica, una acústica y Luis. “las luces que saltan a lo lejos, no esperan que vayas a apagarlas jamás”. Otro clásico mantenido hoy en día por Pedro Aznar, es Cantata de puentes amarillos, el tema central y una de las mayores composiciones musicales de Spinetta. Formas poéticas van interactuando a lo largo de la canción que es entrelazada con una secuencia de acordes emblemáticas surrealistas. Es imposible no encontrar material político y social en la letra de la canción. El último clásico de Artaud, y una de las canciones más populares de Luis Alberto es Bajan. Es el tema más rockero del disco que contiene la letra más optimista que pudo escribir el Flaco bajo su estado emocional y toda su decepción. El paso del tiempo no influye la canción, y su letra es aplicable en cualquier momento de la vida. También, Gustavo Cerati realizó una versión de esta canción en su disco Amor Amarillo. A Starosta, el idiota; nombre que solo aparece en el título es la anteúltima canción de Artaud. Una armonía beatle puede palparse con facilidad en la rítmica de la canción y la explosión de sentimientos del Flaco pudo pasar con esta canción. Artaud termina con Las habladurías del mundo, canción con la impronta rockera de Pescado Rabioso y una guitarra eléctrica que duplica la línea vocal (que puede remitir, a algún recurso utilizado por Harrison en alguna de sus canciones Beatles). La sensación revolucionaria del disco se plasma en su última frase “No estoy atado a ningún sueño, las habladurías del mundo no pueden atraparnos”.
Lo peculiar de Artaud se encuentra por dentro y por fuera. No es un disco especial, solo por ser musicalmente y sentimentalmente uno de los mejores trabajos de Spinetta, sino porque su artística externa es completamente diferente. Diseñado por Juan Orestes Gatti, Artaud es una anomalía que no puede ser colocada en el estante de una disquería junto a los demás vinilos porque su geometría no lo permite. Su tapa tiene la forma de una estrella, lo que convierte al disco en un objeto algo inútil. ¿Y por qué las tapas tienen que ser cuadradas? El interior del disco simula a un folleto de prescripción como los que aparecen en las cajas de medicamentos, con un color verde de ausenta.
El mensaje de disconformidad, de rupturas, de sensación de libertad de Artaud fue plasmado tanto en las canciones como en su estética. Mensaje que seguramente superó los objetivos de los músicos agregándole el carácter histórico que seguramente no estaba en los planes. Aquel veinteañero adelantado y enojado con su vida y con el mundo, jamás se imaginó que sus sentimientos hechos arte serían una de las mejores cosas que le pasó al rock de habla hispana.



