El soundtrack de su última película dispara a quemarropa
Quentin Tarantino es muchas cosas. Creador, escritor, excéntrico, rockstar. Hay que sumarle un título más a su subversivo abolengo: Melómano. Las bandas sonoras de sus películas son una serie de caleidoscopios estilísticos, provenientes de la rica subcultura de la que se ha nutrido Quentin durante toda su vida.
Django Sound es un soundtrack elegido bajo el original criterio Tarantino: con el corazón y su bagaje vivencial. La paleta musical es amplia e impoluta. Ecos spaghetti/western, blues, folk, soul, y como no, el eterno Ennio Morricone. Rick Ross aporta temas originales, rabiosamente eclécticos.
Si Quentin hubiera elegido la producción musical seguramente habría sido un cruce entre Phil Spector y Rick Rubin. Son muchos los motivos por el que sus bandas sonoras son tan esperadas como sus películas, pero el principal es el más importante: Tarantino apunta y acierta certero en la química humana.
Estando aun fresca la entrega de los premios de la academia y un Tarantino en su estilo inimitable comiéndose el escenario, es muy recomendable, una vez asimilado su maravilloso Django Unchained en la oscuridad de la sala, también acercarse al microcosmos de su soundtrack. Es como ver una nueva película pero a través los oídos y el alma. Una experiencia desencadenada y liberadora.
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