[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo | @terethali
“Hogar” es un disco de desarrollo templado, de mensajes cálidos que desafían las convicciones que teníamos de Izal.
Las canciones se asemejan a pequeños discursos, herramientas útiles para establecer varias verdades: el conocimiento de uno mismo, la soledad, y la hermandad como salida. “Hogar” sangra y conmueve de principio a fin; merece la pena prestar atención a su apertura “Tramontana 7:44”, una pieza instrumental delicada con la que la banda se abre paso para ponernos en situación de lo que vendrá a continuación: un tema reposado rebosante de emoción titulado “Meiuquer” que actúa como carta de agradecimiento tras un año complicado de dudas y abismos personales. La verdad reluce en “Inercia”, una pieza de acústicas, bases programadas, y guitarra eléctrica de letra impetuosa. Se adivinan en sus versos las reminiscencias de un pasado de sobra conocido por todos de una forma clara, explícita y brillante. Es un temazo que antecede a “Fotografías”, en la que recogen la celebración de la amistad exaltando la belleza de los paisajes recorridos, de los sentimientos, y los recuerdos que nutren el alma. Lo hacen elegantes, a golpe de ritmos urbanos que exprimen cual naranja la voz de un Mikel, que en este tema, da todo de sí aportando coherencia y pasión a un puñado de frases inconexas. A estas alturas, Izal ya es demasiado grande como para destacar por la novedad; llegamos a esta conclusión cuando empiezan a desfilar los primeros versos de “He Vuelto” con la que acarician el rock de instinto animal. Su letra versa alrededor del derrumbe de las apariencias; es una pequeña homilía a las convicciones que actúa como pieza sangrante huyendo de estridencias. Suena rotunda y pilota a favor de la musicalidad del álbum.
En “El Hombre Del Futuro” se balancean mecidos por la electrónica. Reúne todas las condiciones para ser un pelotazo , otro himno de los muchos que acumula Izal cuando se sube al escenario y entra en comunión con su legión de seguidores. La letra, compleja y a la vez apasionante, no flaquea un segundo. Abre la puerta a “Jóvenes Perfectos” que irrumpe con fuerza; es una canción redonda que forma parte del sonido Izal, otra candidata segura a single exitoso. “La Mala Educación” se presta a cantarla a voz en grito, es junto a “Jóvenes Perfectos” una radiografía. Creo que ambas canciones tienen alma de pequeñas bandas sonoras de nosotros mismos, a veces, se asemejan a bidones de gasolina, un combustible necesario para que el álbum termine de arder.
En el último tramo del trayecto está “Telepatía”, un canto a la globalización con una línea de bajo marcada. Es una canción consecuente dentro de este proyecto, e ilustra mejor que ninguna, cómo han cambiado nuestras relaciones personales a medida que mejora la tecnología. “Dobles” no asfixia ni hiere, al contrario, te agarra en un abrazo que transpira rock de esencia errante; es una canción bonita, casi un adiós perfecto que sólo se ve superado por “Hogar”, el corte homónimo del disco. “Hogar” es pura calma, un tema que se eleva sobre sí mismo de casi cuatro minutos por el que desfilan agradecimientos y buenos deseos, rozando la mística. La outro es fascinante, se titula “Tramontana 5:47” y es difícil contener la paz que contagia al oyente. Un final precioso, una minuciosa despedida para un disco de texturas perfectas.
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