Ricardo Lezón: Tres años de Esperanza

Ricardo Lezón: Tres años de Esperanza
“No existe ápice de melancolía en sus letras, al contrario, en Esperanza se despliegan colores muy vivos”



[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo | @terethali

El encanto de Esperanza sigue intacto, como guardado en un frasco de formol. Han pasado tres años desde que Ricardo Lezón alumbrara uno de los discos más brillantes de su carrera. Escucharlo, tres años después, supone abrir un baúl lleno de recuerdos que serpentean en la memoria al compás de sus canciones. Canciones que el tiempo se está encargando de dar lustre para que nunca dejen de brillar. Mucho ha cambiado todo desde su publicación en octubre de 2017: Ricardo ya no vive en Noviales, el pequeño pueblo soriano que vio rodar las canciones de este disco, reflejo del momento vital en el que se encontraba, de todo lo que sentía, de sus dudas, de sus miedos y sus muchas ganas; con ellas recorrió con júbilo los escenarios del país hasta la pasada primavera, momento en el cual volvió a brindarnos nuevos temas abanderando a McEnroe, el grupo de sus amores. Con sus compañeros publicó en 2019 La Distancia, un disco sólido y sin artificios con el que volvió a aplaudirle nuevamente la crítica; de hecho, se encontraba en plena preparación de un show en el que celebraría la sólida trayectoria de la agrupación hasta que la pandemia le obligó a frenar en seco. Como al común de los mortales, los componentes de McEnroe también se vieron forzados a mirar hacia dentro bruscamente en tiempos en los que todo ocurre muy rápido. Y fue en esos días de encierro, sin contacto exterior, en los que que agradecí tener entre mis manos un disco como Esperanza. En soledad, arropada por los recuerdos, escuché con otros oídos la batería de Edu incendiando todo en la taciturna Chet Baker, y hasta la contundente voz de Jimena en los coros de la que fuera carta de presentación del disco, Arena y Romero, me sonó diferente. Esperanza es un desfile de guitarras que maduran como el buen vino prometiendo un mañana de abrazos y prosperidad; un disco de versos perfectamente organizados como en procesión en los que, cada palabra, cumple su misión sin eclipsar a la otra. El tiempo le sienta muy bien a Primavera en Praga, una canción cuya instrumentación prende fuego en las entrañas aunque se tome su tiempo en llegar.



Cómo se nota la mano de Txomin Guzmán, músico de altura y amigo del que Lezón puede presumir al mismo nivel del que presume de David Cordero o de Edu; me gusta Esperanza porque por él transitan todos ellos, parecen tomados de la mano por la alegría, y por un nuevo tiempo cimentado sobre heridas ya cicatrizadas. Y con una producción madura, lúcida, digna de ser elogiada.

Ricardo bebe de sus fuentes en El Momento; ha vivido lo suficiente como para apreciar el silencio que le regala una Noche en Noviales. Afila su furia y su rabia para escribir sus versos más dolientes en Lamento ayudándonos a digerir la pena de esos sueños que por miedo se quedan en el camino en la estrofa final del texto. La luz que proyecta Ella Baila sigue siendo comparada con la que desprenden las gemas más preciosas, con esa línea minimalista que envuelve el tema. Es esta canción la que posee uno de los versos más bonitos del disco: “Ella se duerme primero, yo me quedo mirando al cielo. Bandadas se van”. Recuerdo la primera escucha del tema, mi corazón latiendo a mil por hora casi como me había ocurrido mientras sonaban los primeros compases de Lobos, ejemplo viviente del estilo Lezón, el músico español, junto a Manolo García, con un sello único. Ambos suenan de un modo inimitable, comparten voces peculiares; la de Manolo, aflamencada a la par que arabesca. La de Ricardo, intensa, quebrada, enredada en la profundidad y la desnudez.



El optimismo se filtra en cada pieza de esta obra. Curiosamente no existe ápice de melancolía en sus letras, al contrario, en Esperanza se despliegan colores muy vivos y ese olor a campo que parece contagiar la portada del disco, porque como bien dijo Ricardo, este trabajo (el primero que edita sin pseudónimos), es fruto de la necesidad de grabar un puñado de canciones que germinaron en Noviales.

Desde el respeto, Esperanza se cuela en nuestras vidas delicadamente. Como un vals que te incita a dar vueltas mientras comprendes los motivos por los que huías.







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