Jim Morrison: Versando el lado salvaje

Jim Morrison: Versando el lado salvaje
“Estoy interesado en todo sobre revueltas, desorden, caos, especialmente en actividades que no parecieran tener un significado”



[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo

El bar Lucky U solía estar atestado de estudiantes, aspirantes a rockstars, escritores incipientes y motociclistas de baja calaña. Toda la fauna local de L.A. en aquella década prodigiosa de los sesentas. Un joven estudiante de cine de la UCLA llamado Jim Morrison solía pasarse por ahí para disociar sus sentidos con uno de los grandes amores de su vida: el elixir que lo llevaba siempre al otro lado. Poco podía imaginar ese nativo de la soleada Florida que algunos años después se transmutaría en el astro eléctrico del lado salvaje. 

El Morrison dionisíaco era el propio enemigo del Morrison poeta, perdiendo tantos versos que es un drama,  porque quizás hoy serían también parte de nuestras vidas. Un retrato estremecedor lo encontramos en aquella conversación, en NYC en el año 67, que tuvo Jim con su primera novia Tandy Martin: 

“Tandy: ¿Aún tienes esas libretas que me dejabas leer?
Jim: Algunas. Pero muchas otras no puedo encontrarlas porque estúpidamente quemé varias en Los Ángeles cuando estaba en ácido. ¿Crees que si tomo pentotal sódico pudiera recordar lo que escribí en ellas?”

A pesar de escenarios vivenciales como el anteriormente descrito y de la llegada de la fama y toda la parafernalia que rodeaba a The Doors, Morrison siempre mantuvo el íntimo anhelo de ser recordado como un escritor serio, un renacentista, más que un frontman bañado en sudor bajo el cuero. 

Pasado ya el boom inicial de su carrera, el remolino del escándalo y posterior proceso de Miami en 1969 y las malas críticas al Soft Parade, Jim se reivindicó con un monumento musical llamado Morrison Hotel. 1970 se presentaba como un año de contrastes, pero que mostraba una gran progresión para la banda. Pero a pesar de todo, Jim quería seguir explorando la poesía como lienzo expresivo.

Jim: “Siempre he estado atraído por las ideas que son de revuelta contra la autoridad -cuando haces las paces con la autoridad te conviertes en ella. Me gusta la idea de romper o destruir el orden establecido. Estoy interesado en todo sobre revueltas, desorden, caos, especialmente en actividades que no parecieran tener un significado”.

El 6 de diciembre, Jim llamó a un número que el presidente de Elektra Records, Jac Holzman, le había dado y habló con John Haeny, el ingeniero que montó el estudio. Quería grabar algunos de sus poemas dos días después, dado que era su cumpleaños número 27. El día 8 estaba en el Village Recorders (casualmente a sólo dos calles de su añorado Lucky U) junto con Frank y Kathy Lisciandro, Florentine Pabst y el ingeniero para celebrar su cumpleaños. Con una petaca de whisky irlandés muy cerca, Morrison empezó a leer el grueso fajo de hojas mecanografiadas y beber sin parar durante cuatro horas para, a su manera, tocar a las puertas de un anhelado exorcismo.



Una plegaria americana

¿Conoces el cálido progreso
bajo las estrellas?
¿Sabes que existimos?

Has olvidado las llaves
del reino.
Acabas de nacer
¿y estás vivo?

Reinventemos los dioses, todos los mitos
de los tiempos.
Celebremos símbolos desde el profundo y antiguo bosque.
(Has olvidado las lecciones
de la antigua guerra)

Necesitamos grandes y doradas cópulas.
Los padres están ocultos en los árboles
del bosque.
Nuestra madre está muerta en el mar.

¿Sabes que estamos siendo conducidos
a matanzas por apacibles almirantes?

¿Y que gordos y lentos generales están siendo
obscenos en sangre joven?
¿Sabes que estamos siendo manejados por la televisión?
La luna es una bestia de sangre seca.

Bandas guerrilleras hacen rodar números
en el siguiente bloque de verde vid
acumulado para guerras sobre inocentes,
pastores que solo están muriendo.

Oh gran creador del ser
concédenos una hora más para
realizar nuestro arte
y perfeccionar nuestras vidas.

Las polillas y los ateos son doblemente divinos
y morir.
Vivimos, morimos
y la muerte no termina con esto.
Nos hace viajar hacia la
Pesadilla,
aferrarnos a la vida.

Nuestra pasión florecerá.
Aferrarnos a coños y pollas
de desesperación.
Conseguimos nuestra visión final
por aplauso.

La ingle de Colón se
llenó de sangre verde.
(Toqué su muslo
y la muerte sonrió.)

Nos hemos reunido dentro de este antiguo
e insano teatro.
Para propagar nuestra ambición de vida
y escapar de la sabiduría que invade
las calles.

Los graneros son asaltados
Las ventanas se mantienen
Y solo uno de todo el resto
para bailar y salvarnos
con burlas divinas
de palabras.

La música inflama el temperamento
(Cuando los verdaderos asesinos del Rey
son dejados correr libremente
mil Magos surgen
en la Tierra)

Dónde están los banquetes que nos prometieron
Dónde está el vino,
el nuevo vino.
(Muriendo en la vid).


Tan satisfecho quedó con las lecturas que hasta accedió a actuar nuevamente junto a The Doors un par de fechas. El viernes 11 en Dallas y el 12 de diciembre en Nueva Orleans. El primero de los conciertos fue un éxito monumental, parecía que volvían los antiguos Doors, cachondos, fuertes y oscuros. Pero el bolo de Nueva Orleans fue todo lo opuesto. En ese concierto se pudo ver como Morrison ya había perdido esa aura que lo había convertido en el maldito Rey Largarto. Jim al fin y al cabo sólo quería escribir en paz y disfrutar una existencia dedicada al autodescubrimiento. Nunca volvieron a tocar los cuatro jinetes. El 3 de julio de 1971 el círculo de fuego de James Douglas Morrison se cerraba en la madrugada parisina.

Como epílogo a sus correrías por la cara oscura del rock, los poemas que Jim grabó terminaron convirtiéndose en su legado sonoro más sincero: el emocionante y descarnado An American Prayer de 1978. La ausencia de Morrison confirmó que sólo con su voz podía traspasar generaciones y ser como la energía: no se destruye, se transforma.

The End 
(Conversación entre Morrison y Jerry Hopkins para Rolling Stone, 1970)

Jim: ¿No quieres hablar de mi bebida?
Jerry: Bueno, sí. Tienes reputación de…
Jim: De ser un borracho… Bueno, es cierto. Todo es cierto. Emborracharse es, emborracharse. Estás en completo control, hasta un punto. Es tu decisión, cada vez que tomas un sorbo. Es como, supongo, la diferencia entre suicidio y lenta capitulación.
Jerry: ¿Qué significa eso?
Jim: No lo sé, viejo. Vamos al bar de al lado y tomemos un trago”. |







Copyright © 2020 Ecos del Vinilo.
Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin previa autorización del autor.