The Rolling Stones: We all need someone we can bleed on

The Rolling Stones: We all need someone we can bleed on
“Es una aparentemente alegre balada country rock, pero que esconde bajo sus pieles una letra sórdida donde el sexo es la gloria terapéutica y compartir sustancias un gesto de amistad de callejón”



[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo 

Verano de 1969. Olympic Sound Studios, Londres. Tras muchas horas rasgueando sin parar los mismos acordes en su acústica Gibson Hummingbird, Keith se siente harto, asqueado; es lo que tiene ser el único guitarrista de los Stones, porque Brian Jones hace mucho no está y el jovencito Mick Taylor todavía no participa en todas las sesiones. Es una aparentemente alegre balada country rock, pero que esconde bajo sus pieles una letra sórdida donde el sexo es la gloria terapéutica y compartir sustancias un gesto de amistad de callejón.

Corren días convulsos, una era de cambios en el microcosmos de la banda. La larga agonía del líder original Brian Jones llegaba a su fin con “sus” Rolling Stones; el 8 de junio se publicaba en todos los periódicos la “versión oficial” de la salida de Jones, una declaración concertada previamente tras la promesa de pagarle al otrora Elmo Lewis cien mil libras esterlinas anuales por el resto de su vida: “Debido a divergencias con los demás Stones  acerca de los discos que grabamos, quiero tocar mi propio estilo de música. Nos hemos puesto de acuerdo en cuanto que una ruptura amistosa de nuestras relaciones era la mejor solución”. El 3 de julio Brian flotaba muerto en la piscina maldita de Cotchford Farm. “Deja que sangre”, como una sangría curativa del medioevo, bien pudo ser el pensamiento de Mick, Keith y Charlie cuando le despidieron para no volver a ver nunca más su blonda cabellera.

Volvemos a los Olympic. Keith, con los dedos sangrando, quiere parar. Es suficiente del maldito strumming, pero el incansable Mick Jagger, secundado por Jimmy Miller, el productor que mejor supo sacar el oro del carbón post-Majesties Request, quieren que siga la sesión. “Deja que sangre” les contesta Keith, haciendo a la vez un juego de palabras con parte de la letra, sin la plena consciencia que le ha dado su título a la canción en la que trabajan y que aún no sabían cómo se llamaría. Let It Bleed es una maravilla, es oscuro, es subversivo, es los Stones. 

Para muchos (incluídos sus propios autores) Beggars Banquet era estar de regreso en casa. Si el sonido basado en la música americana, el rock n’ roll, el folk, el country y el blues era la adoración de Richards, aquí, con la presencia de guías de camino como lo eran Ry Cooder y Leon Russell, todo cobraba sentido, formándose en consecuencia la estructura astillada del sonido definitivo de los Rolling Stones, que era sobre todo el sonido de Keith Richards, más allá de las letras de Jagger o los patrones semi-jazz de Watts.

Tras grabar las bases de guitarra acústica, Keith sumaría una vibrante interpretación de slide, seguramente tocaba con aquella guitarra australiana semiacústica Maton ES777. Sobre esta guitarra, que llegó a las manos de Richards de una forma casual, el recordaba que “la conseguí de un chaval que estuvo en mi apartamento. Al cabo de dos días se largó a toda prisa, dejándome su guitarra. Ya sabes, ‘Cuídala bien por mi’. Y eso hice”. Stu y su quijada gargantuesca se ubicaron al piano para sumar una fabulosa interpretación boogie (sería su única aportación al disco). Bill, confiable e inmutable con el bajo Fender Mustang, también grabaría una pista de autoharpa que apenas despuntaba entre la reverberación. Jagger, enorme en todo el disco, aquí saca su lado histriónico, con una performance vocal que era un perfecto cruce entre su acento londinense y el campestre dejo del Nashville profundo.

Let It Bleed, la canción y el elepé, eran una respuesta al tiempo de su concepción. Un canto que sacaba a la superficie la suciedad y también la melodía, la raíz ancestral del sonido primitivo y la catarsis de la jam session. Let It Bleed, fonéticamente parecía un remedo al Let It Be de McCartney, pero esta era solo una afortunada casualidad que reforzaba la distancia estilista entre los ‘limpios’ Beatles y los ‘sucios’ Stones. Ahí, entre lo pulcro y lo mugriento discurrían los cinco minutos y veintisiete segundos más amenazadores de los Stones. Ellos se ofrecen a dejarse sangrar pero a cambio el oyente debe también dejarse sangrar, debe ser parte del canto comunal de estos músicos en la cúspide de su arte.



Let It Bleed

Well, we all need someone we can lean on
And if you want it, you can lean on me
Yeah, we all need someone we can lean on
And if you want it, you can lean on me.

She said, my breasts, they will always be open
Baby, you can rest your weary head right on me
And there will always be a space in my parking lot
When you need a little coke and sympathy.

Yeah we all need someone we can dream on
And if you want it baby, you can dream on me
Yeah, we all need someone we can cream on
Yeah and if you want to, you can cream on me.

I was dreaming of a steel guitar engagement
When you drunk my health in scented jasmine tea
But you knifed me in my dirty filthy basement
With that jaded, faded, junky nurse oh what pleasant company, ha.

Though, we all need someone we can feel on
Yeah and if you want it, you can feel on me, hey
Take my arm, take my leg
Oh baby don’t you take my head
Hoo

Yeah, we all need someone we can bleed on
Yeah but if you want it, well you can bleed on me
Yeah, we all need someone we can bleed on
Yeah yeah and if you want it baby why don’t ya
You can bleed on me

All over, hoo
Ah, get it on rider, hoo
Get it on rider
Get it on rider
You can bleed all over me, yeah
Get it on rider, hoo
Get it on rider, yeah
You can cream all over, you can come all over me, ah
Get it on rider ey
Let it out rider
Let it out rider
You can come all over me
Get it on rider
You can come all over me, yeah
Get it on rider







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