Las multinacionales se celebran en el Teatro Real de Madrid
[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo
La primera edición de los Premios Odeón nació sin signos vitales. Vive en una realidad paralela, aquella que ignora todo lo que se produce fuera del cortijo de las tres grandes multinacionales. El Teatro Real de Madrid fue testigo de una nada disimulada acción de autosatisfacción de Universal, Sony y Warner, en unos “Goya de la música” (llamados así por el presentador Quequé) con mucho de nada.
La motivación aparente para instituir estos premios es recuperar un acto de reconocimiento para la música producida en España, pero la letra pequeña del contrato deja claro que fue un sarao de la hidra de tres cabezas para “sus” artistas, da igual lo que hayan grabado o no, para lo cual se movilizaron las fuerzas económicas hasta tal punto que fue televisado por la cadena del Estado, dejándonos uno de los tantos meta-mensajes con firma U-S-W: La autosatisfacción es más placentera si es vista por muchos.
Con ministros y políticos dando el espaldarazo “oficial”, desfilaron por galerías y escenario nombres tan ajenos a las masas que apoyan la música independiente, que asisten a macro festivales y simplemente llenan las salas emblemáticas de nuestras ciudades, que causa hasta sonrojo el solo hecho de nombrarles, no porque no sea lícito su trabajo, sino porque no representa bajo ningún concepto el presente de la música en España: Alejandro Sanz, Manuel Carrasco, Pablo López, Laura Pausini, Cepeda, Aitana, Luis Cobos, La Mala Rodríguez, Beret, Estopa o Vanesa Martín. Rosalía es el único nombre que podemos ubicar en el espacio y tiempo real que vivimos, y desde la ausencia fue premiada, además del reconocimiento merecidísimo siempre para el maestro Perales.
En un año que cuenta entre sus lanzamientos discos como Universo Por Estrenar (Anni B Sweet), Vamos a Volvernos Locos (León Benavente), La Distancia (McEnroe) o Sombrero Roto (Kiko Veneno), los Odeón celebran #ElDisco de Alejandro Sanz. En un 2019 con bandas con el efecto expansivo de Carolina Durante, Viva Suecia o Manel ellos “se” premian con Estopa como mejor grupo. Para la “organización” Vanesa Martín tiene más mérito “premiable” que Christina Rosenvinge, La Bien Querida o Lidia Damunt como mejor artista femenina. El premio a Mejor directo para Manuel Carrasco es algo imposible de tomarse en serio estando la gente pensante todavía al calor de los impresionantes conciertos de Vetusta Morla en el Wizink. ¿Mejor artista revelación para Aitana existiendo unos Carolina Durante o hasta la propia Amaia en su loable ejercicio de alejamiento de todo lo que huela a OT?
La ausencia absoluta de referencias, agradecimientos, nombramiento o sombra pasajera de imprescindibles como Enrique Bunbury, Nacho Vegas, Santiago Auserón, Ricardo Lezón, Coque Malla, Iván Ferreiro, Carlos Tarque, Love of Lesbian, Xoel López, Josele Santiago, Luz Casal, Triángulo de Amor Bizarro, Loquillo, Jaime Urrutia, Zahara, Rufus T. Firefly o Sidonie es algo que entristece y alarma.
La velada, forzada, artificial, falta de dinámica y métrica, se vio huérfana de un enorme porcentaje de productores y sellos discográficos independientes que son los que realmente están moviendo los remos por la cultura. El ninguneo a una larga lista de géneros musicales ha sido proporcionalmente inverso a la inclusión de la radio fórmula más acartonada de la que se tenga memoria.
Los Premios Odeón han sido, en resumen, un acto corporativo, una convención de ventas de Universal, Sony y Warner para entre ellos darse un placentero autohomenaje sin nada de culpabilidad ni disimulo. Conclusión: Seguimos sin premios anuales de la música.
Copyright © 2020 Ecos del Vinilo.
Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin previa autorización del autor.

