Crítica | Michael Kiwanuka: Al tercer episodio llegó la persona

Kiwanuka
[Interscope
★★



[Daniel Cortorreal] @ecosdelvinilo

Mientras el piano emocional de “Another Human Being” suena, me encuentro pensativo e inmensamente impresionado con Kiwanuka, el tercer álbum de uno de los prodigios contemporáneos del indie folk: Michael Kiwanuka. A diferencia de sus últimos dos álbumes, Home Again y Love and Hate, Kiwanuka no es una combinación de canciones pegadizas y buenas vibras; es una introspección profunda y una confrontación con temas de ansiedad, inseguridad y duda. En Kiwanuka, Michael nos presenta la parte humana de su ser, y la instrumentación solo le hace énfasis a esto. Musicalmente, Kiwanuka no se pone límites usando todo, desde partes de teclado minimalista, a la Steve Reich, hasta combinaciones de numerosos instrumentos de cuerda tipo orquesta. En Kiwanuka, es evidente que el género no importa, y esta libertad al momento de componer es lo que distingue este álbum de la mayoría de releases indie del 2019.

Kiwanuka es una experiencia que sin duda hay que tener completa. Mientras hay canciones que se distinguen, como “Hero” con sus riffs en una guitarra distorsionada reminiscente a Jimi Hendrix, o “Rolling” con su vibra psicodélica de los 60’s, Kiwanuka se siente más como una experiencia conceptual ya que el genio detrás del álbum está en la combinación de las diferentes influencias a las que el álbum hace homenaje. Por una parte, hay momentos en el álbum en los que se siente una fuerte influencia de Rock Progresivo, como en “Piano Joint (Intro)” y “Hard to Say Goodbye”. Por otro lado, se notan influencias más modernas, tales como “Final Days” que se siente como una combinación de la batería de Radiohead y el piano e instrumentación de Aphex Twin. En “Interlude (Loving the People)”, se notan ciertas características de actos de pop/rock psicodélico contemporáneo, como Connan Mockasin o Tame Impala, tanto en el tempo como en el tono distorsionado y levemente fuera de entonación de la guitarra. Los tonos de tristeza en el álbum son evidentes en canciones como “Solid Ground” y “Piano Joint”, pero éstos son contrastados por la energía y vitalidad de canciones como “You Ain’t the Problem”. El álbum concluye con “Light” una canción que nos deja con una satisfacción casi palpable de parte de Michael Kiwanuka, mezclando un principio ligero y feliz con un final introspectivo y etéreo.

Kiwanuka nos demuestra que a veces no es necesario limitarse con ideas de género o etiquetas que delineen lo que podemos hacer. Mientras escuchaba el álbum, cada canción me sorprendía; no necesariamente porque fuera una obra maestra, sino porque definitivamente no era lo que me esperaba. El estilo vocal de Soul de Kiwanuka sobre la instrumentación variada del álbum hacen que cada canción sea interesante, pero que todas se sientan como parte de algo mayor. Al final, Michael Kiwanuka nos muestra su lado inseguro, ansioso y dubitativo, y ése se siente como el tema principal del álbum. Sin embargo, Kiwanuka prueba que sigue creciendo musicalmente, y hace un homenaje fenomenal a los estilos que evidentemente lo han marcado. Es refrescante escuchar discos como Kiwanuka sabiendo que es un “disco del 2019”, ya que nos demuestra que aún quedan formas de innovar en la música, aunque esta sea interpretando ciertas tendencias de nuestra propia manera.









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