“Es el big bang del Bunbury del mundo y del niño Enrique Ortiz, que se hizo mayor en las canciones”
[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo
Pequeño hoy cumple exactamente veinte años de su lanzamiento. Justo el 6 de septiembre de 1999 Enrique Bunbury daba el golpe sobre la mesa: Se acabó el rockstar, se acabó el show business, inicia el cabaret y la ronda gitana por los balcanes. Radical Sonora casi le retira (la incomprensión, maldita sea), pero la casa de veraneo de Cambrils y los recuerdos radiales le llevaron a recuperar al pequeño Enrique Ortíz que captaba las ondas y de mayor las convirtió en uno de los discos fundamentales de la música en castellano.
La revisión del cancionero debería tener también sus instrucciones, como en Radical Sonora: Luz de lámpara de keroseno, recio chacolí, tabaco negro y absoluta soledad, porque este viaje es algo que se vive mejor en primera persona.
Un diminuto maullido da pie al tema más Bowie que jamás haya grabado Enrique: Algo en Común. Melancólico retrato sonoro que tiene tanto de Earthling como de Station To Station. No hay retractor posible ante tal inicio, con unos arreglos de cuerda inmigrante de tibia belleza.
Infinito es la primera noche triste en la cantina. Valiente como pocos, Bunbury se dejó de los devaneos con su pasado de rock ortodoxo y tomó su amor por Latinoamérica de la cintura. Es una danza de arrabal en el Zócalo y el mariachi de pelo en pecho: “El único que te importa es este pobre infeliz”.
El himno del itinerante, de la maleta ajada, del tabaco a medio fumar y el destino incierto: El Extranjero, que somos todos los que hemos hecho vida en la lejanía de la tierra natal, aquí llevado a la planicie balcánica por los sonidos de nuestros ancestros. Es la declaración de amor de Bunbury por los ricos arcanos culturales de América y África. Este tema nos presentó al Enrique Bunbury frontman del mestizaje.
Solo Si Me Perdonas baja las revoluciones y nos estampa el cruce adictivo de la guitarra eléctrica europea y los aires morunos de Tánger, con sutiles quiebros vocales de espíritu bolerístico (ese dolor manso solo se cosecha en una barra de bar).
El Viento a Favor es el abrazo del big brother, es la voz que guía en el campo minado. Esta es la versión original, más cauta, profundamente emocional, aunque la versión subtitulada Opción Barcelona es la que se masificó. Que nunca nos falten opciones.
Un vibrante órgano enraizado en Los ángeles Negros abre la rota Lejos de la Tristeza, un midtempo etílico de compadres en busca de la luz del alba. Esta es una de las composiciones más intensas e incisivas de Pequeño, a pesar que no entrara en quinielas de singles o el tracklist de la carretera. La gran joya oscura.
¿Dudar?, Quizás tiene su raíz en el gran Al Andalus, en el cajón flamenco y los fraseos de la Cabila; es la noche cerrada en el Atlas sensorial. El corte hacia la electricidad se da en la conexión de la pausada Demasiado Tarde, enriquecida por los ecos radiales, por un brevísimo piano de timbre mambo, por un estribillo muy Bowie y la guitarra balanceando el protagonismo de la voz del maño.
De Mayor. La canción de todos, la que nos hace mirar hacia dentro -profundamente- porque en efecto esto es el evangelio: “De pequeño me enseñaron a querer ser mayor, de mayor quiero aprender a ser pequeño”. Las mandolinas del Adriático y la banda de metales del viejo sindicato de ferrocarriles aportan el sabor de pueblo chico e infierno grande. Una maravilla que hoy suena engrandecida por el tiempo transcurrido.
Bailando con el Enemigo es la balada de baladas, el vehículo para la trompeta reina del jazz de tugurio. Robinson trae de regreso la guitarra, la distorsión en un breve intro para un ejercicio vocal en la frontera del crooner que desemboca en el éxtasis eléctrico de un estribillo enorme. Este es el momento más cercano a Radical Sonora en cuanto a peso y texturas.
El Cierre: Contradictorio. Denso black soul con la más incisiva declaración de principios del Bunbury de ayer y hoy: “Contradicción, en el mismo centro de la contradicción, en el mismo centro. Y si ayer dije blanco y mañana de un salto me paso a lo negro, no lo veas extraño, aún ando buscando dónde me quedo”.
Pequeño es el disco para poner a comer aparte. Es la obra capital de la discografía de Bunbury, porque no solo son canciones, inspiración o producción; es el big bang del Bunbury del mundo y del niño Enrique Ortiz, que se hizo mayor en las canciones.
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