Ellas Llevan La Voz Cantante: Patrizia Fernández y Los Romeos, 1990

“Vestía normalmente de rojo y negro; se hacía acompañar por una pequeña pandereta que agitaba a toda velocidad con ademanes de Lolita punki”



[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo

Patrizia Fernández, vocalista de Los Romeos, nos hizo amar el rock de altura a las niñas que en 1990 buscábamos referentes de alto voltaje en la música española.

Su belleza delicada unida a una voz sensual, la llevaron a lo más alto de las listas de popularidad del país al frente de una banda de chicos con estética rockera y actitud chulesca que a modo de escuderos trasteaban sus instrumentos musicales  en la parte trasera del escenario. Ellos siempre se situaban a la sombra de Patrizia,  que muy a lo suyo, asumía  el rol de frontwoman interpretando magistralmente ante el gran público un puñado de canciones que sonaban frescas y descaradas; canciones que romperían de la noche a la mañana los encorsetados esquemas del panorama musical patrio a finales de los 80.

Cuando en 1988, Juanki Tomas (guitarra de la formación), Pedro López (bajo) y Ángel Leiros, se unen para darle forma a un nuevo proyecto musical en Castellón, no dudan en convencer a una jovencísima Patrizia para que lleve la voz cantante. A los pocos meses, la muchacha deja claro allá  donde  actúa, que podía hipnotizarte con su belleza, y hacerte enmudecer abanderando trallazos de rock y punk melódico.

Los Romeos como formación debuta en 1989. Fue en el mítico programa PLASTIC de TVE con una maqueta que no tardaría en despertar el interés de la multinacional Hispavox. Sabedora de que ahí había mucha tela que cortar, los contactó con el afamado productor Paco Trinidad en los estudios Trak para darle forma al repertorio de los muchachos. En diciembre de ese mismo año, el grupo castellonense  tenía entre manos un auténtico cañón en forma de LP que les serviría como catapulta hacía el estrellato, acaparando con tan sólo un primer álbum homónimo, varios números uno a lo largo de 1990. Las actuaciones en televisión se sucedieron vertiginosamente durante todo aquel periodo porque cuando Patrizia hacía su aparición en la pequeña pantalla, la audiencia subía como la espuma.



Vestía normalmente de rojo y negro; se hacía acompañar por una pequeña pandereta que agitaba a toda velocidad con ademanes de Lolita punki, recordándonos por momentos a la vocalista de Transvision Vamp cuando irradiaba esa sensualidad tan peculiar y tan poco usual por estos lares. Ella jamás escondió sus influencias, y en contra de lo que muchos pudiésemos imaginar, presumía orgullosa de ser hija de la ola de bandas punk como los Ramones, los Clash, por no hablar del mítico Jimi Hendrix, o su idolatrada Blondie, a la que rinde homenaje con una versión más que decente de Sunday Girl.

“Los Romeos” es el disco de la vida de muchos  niños, que como yo, a finales de los 80 se gastaban la paga semanal en vinilos. Es una  maravilla, un ejercicio de frescura y buen gusto cuyos dos primeros singles acapararon las listas de éxitos radiofónicos por varios meses consecutivos.

El primer pelotazo fue Muérdeme, una carta de presentación que explotó inmediatamente por el boca oído. Su estribillo pegadizo, unido a un cóctel de guitarras urgentes que se adhieren a un puñado de versos de alto contenido sexual, la llevaron al número uno  por varias semanas.

Recuerdo que la canción levantó ampollas entre los medios más mojigatos del país. Se la censuró de una forma tan absurda, que el tema salió de estampida y ya no hubo quien lo parara.

Muérdeme fue baza asegurada en el repertorio de la banda cuando tocaban en vivo; ese año recorrieron toda la península abanderando la gracia y la picardía por los escenarios más variopintos de nuestra geografía  en una gira extensa que abarcaba pueblos y ciudades, a la par que combinaban su meteórica carrera, con sesiones fotográficas para revistas musicales, y actuaciones que se sucedían en tv.

Actualmente, una letra tan sado como aquella, en la que una mujer consentía que se la golpeara para alcanzar el orgasmo, no sería aceptada bajo ningún concepto. Así que a nivel letras, a Los Romeos no se les puede negar ni la osadía, ni el atrevimiento.


El segundo hit, Mi Vida Rosa, nació con alma de himno. Su letra plantea el eterno dilema entre la niñez y el despertar sexual de una niña que entra en la adolescencia. Patrizia la interpretaba con tanto descaro que puso de moda la impudicia;  todavía se escucha en fiestas y karaokes aunque hayan pasado casi treinta años, incluso puedes encontrarla en un videojuego de PlayStation Sony llamado “Singstar, la Edad de Oro del Pop Español”. Tanto Mi Vida Rosa como Muérdeme, tienen su contrapunto en otros temas del álbum que si bien no fueron tan radiados, sí que gozaron de la misma calidad. Aún suenan actuales baladas como, Palmo A Palmo, ubicada en el polo opuesto de El Demonio Está Dentro De Mi, No puedo Más, y Dulces Sueños las cuales destilaban pop-punk veloz apoyado  en la inconfundible batería de Ñete, que acumulaba kilómetros y bagaje en otras bandas pero que no dudó en acompañar a los de Castellón, en su bautismo de fuego, con una gran disquera.

No quiero dejar en el tintero algunos de los mejores medios tiempos del álbum: Te Escapas suena a grupo de calidad; a canción de  banda con soltura que tiene buenas canciones y bebe de  influencias como The Primitives. El Mundo A Tus Pies, posee ese aire de renovación tan necesario y feliz del que gozaban algunos grupos extranjeros de la época; es un soplo de aire fresco necesario. La canción perfecta para ser recordada a pesar de las modas. Dos de mis canciones preferidas, El Final, y Un Poquito de Amor, son herederas del espíritu amargo del que también hacía  gala el conjunto, a veces. Cuando suena la última nota de El Final, caes en la cuenta de que Los Romeos es ante todo una banda  underground que ha tenido la suerte de vender muchos discos, y de que quien va a verlos  actuar solo para babear por las piernas de su vocalista, no vuelve una segunda vez.

Sacaron dos discos después, pero no lograron conectar con el público de la misma manera; los tiempos cambian y las nuevas tendencias musicales les dejan aislados, así que la banda termina por disolverse sin posibilidad de reencuentro tras la muerte en 2006 de Pedro López, uno de sus miembros fundadores y más queridos del grupo.

Patrizia cambia su nombre por el de Patrizia Escosin y se enfunda la Telecaster para dar vida a dos nuevos proyectos musicales en su Castellón natal como base de operaciones: Lula y Los Amantes. Dos bandas con sonido power- pop y rock que se mueven como pez en el agua por la escena underground del país. A veces, confiesa entre risas que el público le da la enhorabuena tras los conciertos por tocar tan bien la guitarra, además de por seguir en la brecha sorteando dificultades. Ella, echa la vista atrás y piensa en los pasos que ha dado,  en sus ex compañeros de Romeos, en la experiencia que le dio formar parte de la escena musical de un Castellón que en los ochenta se encontraba en plena ebullición de bandas de rock, en la preparación musical que la encumbró junto a sus amigos, y en el éxito que tantas satisfacciones les brindó por ser una banda auténtica. Pero si algo definió a Los Romeos, fueron un puñado de buenas canciones guitarreras magistralmente interpretadas por una voz de registro suave y personalidad arrolladora. Una combinación tan explosiva que los convirtió en inolvidables. 









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