Esta es la crónica en primera persona de Teresa Cerón del concierto del frontman en la Sala Rem
[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo
“Tengo ganas de que empiece ya”, dice una chica en la puerta de la Sala Rem de Murcia a un grupo de amigas. Debe rondar la veintena, y se la nota impaciente por la llegada inminente de Carlos Tarque al escenario murciano. Sus amigas también parecen ansiosas, como si estuvieran absortas por el embrujo de Tarque. Nos las imaginamos atrapadas en una fina capa de celofán de la que les es imposible salir. Creemos que es el efecto que la mejor voz masculina de este país causa en quién la escucha, el efecto del que no puede más que dejarse seducir. Como si se tratara de un caro y preciado elixir que no deseamos que se agote.
Probablemente ellas no imaginarán (nosotros sí, porque somos perros viejos) que están a punto de asistir al mejor directo de rock and roll clásico de este país. Lo que en la noche del 25 de enero presenciaremos, no se nos olvidará nunca por muchos motivos.
Carlos Tarque hacía su segunda parada (y primera en agotarse) en su tierra. En una sala llena hasta la bandera, en la que solo cabría más gente si se colgasen de los focos del techo.
El murciano, presentaba su exitoso álbum debut como solista, “Tarque”, flanqueado por su gente. Sin la alargada sombra de su eterno compañero y amigo en M-Clan, Ricardo Ruipérez, que la noche anterior tuvo a bien subirse al escenario para compartir tema y risas con el respetable, y con un Carlos pletórico por tenerle a su lado a modo de espontáneo. Sin el apretado corsé que provoca ser una estrella de rock en este bendito país. Porque Carlos sabe, que en su ciudad, y con los suyos arropando cada paso que da, no hay barreras que valgan. En Murcia, las expectativas se superan con creces.
Anoche, jugó sus mejores cartas con la naturalidad que le caracteriza desde el inicio de su carrera. Sin pose de estrella. Sin rastro del ego que los más listillos le achacaron cuando aquella “dulce niña Carolina“ hizo despegar su carrera meteóricamente. Reconduciendo al redil a la oveja descarriada. La que opinaba que antes molaba más que en sus últimos trabajos con su banda del alma. Sin más pretensión que la de hacer disfrutar a los que lo quieren. Agradando. Complaciendo sin colgarse medallas. Carlos Tarque ya no las necesita. Es más, ya no se le exige que demuestre nada. Jamás inventó algo, ni falta que le hace. Carlos nos ofreció anoche un concierto espectacular, perfecto. Un show fruto de una maquinaria rodada. Perfectamente engrasada. Capaz de hacer que se sienta rockero hasta el más triste hipster. Y a su lado, todos: Los fans de siempre, los que le hicieron enmudecer aplaudiendo entregados cada canción de ahora, y de antaño. Esas que a principios de los años noventa solo conocíamos unos pocos huertanos. Y los fans que acaban de unirse a esta familia, atraídos por los magistrales cortes de su disco en solitario. A todos, a los de antes, y a los de ahora, consiguió Tarque levantarnos utilizando sus dotes de showman cada vez que le venía en gana. Y eso, señores, tal y como está el panorama musical actual, es muy complicado.
A las once y dos minutos, hacían su aparición los músicos que acompañan a Carlos en esta andadura. A lo largo de la noche, el público no dudará en alabar las bondades de una banda brutal que hace crecer todas y cada una de las canciones que ejecuta junto al maestro. Arropando sus movimientos, haciendo las veces de fieles escuderos demostrando estar a la altura de una estrella de rock. Cualquier artista pelearía por trabajar con ellos. Y tras su séquito, Tarque. Viste para la ocasión una camisa negra y una chaqueta de cuero centrando las miradas de los allí presente. Los focos iluminan y oscurecen su figura mientras suena una intro de impacto. Nos referimos a: «I Love Rock And Roll» de The Arrows en su versión de Joan Jett. Carlos saluda al publico, su chaqueta termina en el suelo, a un lado del escenario y empiezan a sonar los primeros acordes de «Ahora Y En La Hora». Le sigue «Heartbreaker», canción que define como su humilde homenaje al maestro Petty, a quien quiso hacerle doble guiño. De repente, nos vienen a la memoria «American Girl» y «Learning To Fly». Todos nos sabemos el estribillo de esta historia que no es más que la de la eterna rompecorazones, y que a Carlos, le llevó por otro sendero, adaptando su letra al momento. Gritando fuerte un: «Desde Murcia hasta México» que nos volvió realmente locos. Nos despedimos de esta Carolina del siglo XXI, para compartir con los que más queremos una noche en la que imperara la «celebración del rock and roll y la amistad» en palabras del murciano, que agarra su pandereta para deleitarnos con «Bailo».
La marea musical es imparable. Es fácil dejarse llevar por ella si Tarque sonríe desde su altar y defiende el tema exultante de alegría. Se le nota pletórico. Sabe mover a la masa y jugar con ella pidiendo que nuestras manos se alcen al cielo para acompañarlo en «Juicio Final», siguiente tema que suena en la Rem. A pie de escenario se pone serio, ahora sí, para presentarnos a sus músicos. A la mítica » Asociación del Riff», como le gusta llamarlos. Son: Carlos Raya a la guitarra, Chapo González (que en el concierto del día anterior no pudo acompañarles) al bajo, y Coki Giménez a la batería. El colchón rítmico es de matrícula de honor.
Se apagan las luces mientras reconocemos el siguiente corte. Se titula «El Diablo Me Acompañará». Por un momento todos cerramos los ojos, como Carlos. Se pone serio llenando el aire de electricidad. Si se siente cansado porque la noche anterior también fue apoteósica en el mismo escenario, no se le nota. Mira a sus músicos con tanta complicidad mientras se suceden los versos de la canción, que da la sensación de sentirse totalmente arropado por ellos. Sabemos. Sentimos que lo respaldan en el tramo sombrío del show.
Es hora de echar la vista atrás y dar un buen salto en el tiempo. Tarque nos conduce a 1990, y nos explica que la canción que nos va a escupir, forma parte del primer disco de los Clan. Dice que la compuso junto a Santi Campillo y que viajaron hasta la tierra de Elvis, Memphis, para grabarla. Es «Perdido En La Ciudad», uno de los tres singles elegidos para presentar al mundo, «Un Buen Momento», el disco con el que debutarían ante el gran público en 1995. La temperatura sube cuando Carlos, dirigiéndose a la primera fila, dedica el tema a su amigo Sevilla «por los viejos tiempos con las tijeras”, dice. Se mueve incesantemente, y muy cerca de la banda, en una esquina del escenario, el fotógrafo Charlie Balibrea inmortaliza cada paso que dan los del Riff. La atmósfera se empapa de rock sureño americano. En el estribillo, Tarque nombra a su gran amiga y admiradora Jutxa Ródenas. La murciana sigue a Carlos desde el inicio de su carrera, es una de sus mejores promotoras, pero ante todo, una hermana para el cantante que, micrófono en mano, y haciendo piruetas, nos pregunta socarrón si “Murcia es un tío, o por el contrario, una mujer”. Nos tiene en el bolsillo. Es un líder carismático que interactúa durante todo el show hasta lograr que tus sentimientos oscilen hacia el lugar que desea.
Así llegamos hasta la primera versión de la noche. Es un tema de una de las bandas favoritas de Carlos Tarque. Se titula “Fire And Water”, de los Free, a la que le sucede, “Lobo Solitario”. Es la previa de la alegre y coreada, “Janis, Amy, Billie”. La banda está inconmensurable. Carlos Raya descarga su artillería más pesada con la complicidad de un público que grita su nombre, y siente el corazón patas arriba con su carisma. La bandera del rock ondea fuerte y orgullosa hoy. Al ver cómo disfrutan, recordamos unas palabras que, días antes, Tarque concedió al periodista Jam Albarracín: ”El rock es un clásico, y por lo tanto, ajeno a las tendencias“, decía para La Verdad de Murcia. Viéndoles, nadie osaría a llevarle la contraria.
El segundo homenaje a M-Clan es “Se Hizo De Noche Cuando Te Conocí“. Esta también viene con dedicatoria. Es para el músico y fotógrafo favorito de Carlos, José Filemón. Filemón fue el encargado del impecable arte del disco, y está acompañado por su pareja, Marisa. Tarque adapta esta sombría balada con reminiscencias de los sesenta a ellos, porque para sus amigos “se hizo de día cuando se conocieron“. El escenario es pura nocturnidad. La voz de Tarque se desgarra. Raya parece flotar cuando culmina su impecable solo haciendo un guiño a “Tu Frialdad” de Triana.
Se hace el silencio. Un silencio sepulcral que el murciano decide romper, confesando a su gente, que cada día le gusta más volver a su tierra. Aquí, todos conocemos a Miguel Bañón, al que decide homenajear con una adaptación de “Peligro”. Tras ella, otro humilde homenaje. Esta vez, le toca el turno a Rosendo Mercado, por lo que Tarque se marca un “Que Desilusión“ brutal evocando la grandeza de Leño.
Antes de dar paso a “Cactus En El Corazón“ vuelven a apagarse las luces. Carlos se va y se quedan los tres músicos solos. Huérfanos pero imbatibles.
“Cactus“ es el tema más áspero del disco. Es el modo que tiene el músico murciano para protestar ante las desigualdades sociales. Es un canto al sin techo, al joven que cruza El Estrecho jugándose la vida en una sola carta. Carlos explica por qué la compuso e incluyó en su disco. Nos habla mirándonos a los ojos. Sin frío.
Antes de despedirse con “Electroshock”, se sacude la solemnidad del momento, bajando hasta donde estamos al grito de: “Murcia, qué hermosa eres, ostia”. Bailando por toda la sala, ejecuta “Calle Sin Luz” empapando al personal de buen rollo. Regala una camiseta a una chica del público, se deja fotografiar y nos guiña un ojo con sonrisa de líder. Lo es. Después de esta noche, a nadie le cabría la menor duda.
No queremos que se vayan. La Rem vibra con nuestros cánticos pidiendo otra…. Así que no les queda más remedio que regalarnos “Miedo”. Retrocedemos a 2004. Al quinto disco de M-Clan, “Sopa Fría”, producido por Alejo Stivel. Es el disco alegre de la banda murciana. El soleado. El luminoso. El que contiene “Miedo”. Dice el cantante que Raya, le enseñó una música que acababa de componer. Era majestuosa, pero le faltaba a su letra un estribillo que contuviera esa palabra clave que lo hiciera rodar con fluidez. Remezclando el disco en Nashville, en un jardín cercano, dieron juntos con la palabra. Era miedo.
Con esta metáfora sobre el abandono y la pérdida en general, el público y los músicos disfrutan cantando uno de los mayores hits en la carrera de Carlos. Con ese sutil juego de palabras, le cede el turno a “Donde Nace El Rock And Roll”, primer single de Tarque. Brillante carta de presentación de un disco que nos ha devuelto latigazos de buen rock al país. Como los que nos azotaron la noche murciana y nuestros corazones ayer. |
Fotos y vídeos: Teresa Cerón López
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