Grabado en los extraordinarios estudios Music Lan en Girona, contó con un presupuesto muy superior al de sus dos anteriores esfuerzos discográficos y esto fue aprovechado al máximo por el maño. Bunbury venía en vuelo ascendente desde el minimalista Pequeño (1999), un disco que por sí sólo merecería una enciclopedia por su importancia fundamental en el desarrollo de Enrique como autor universal.
Flamingos, líricamente, es su último disco pre-Panero, cuya influencia poética se nota ya más claramente en El Viaje a Ninguna Parte (2004). Tomaron nueve largos meses su grabación, con temas que superaron la centena de pistas de sonido, lo cual habla del trabajo titánico que representó su gestación. Flamingos tiene además una carga personal muy importante para Enrique (acaba de separarse de Nona) y eso se percibe en el encuadre pugilístico del arte en general del disco.
La colección de temas es impecable, variada y profunda. El foxtrot arrabalero impera en Si. El espíritu enmascarado del Bowie-Diamond Dogs en El Club De Los Imposibles. Aires de bolero en One, Two, Three. La melancolía en su máxima expresión en la sublime San Cosme y San Damián (una oda a su hermano fallecido). La necesidad de escapar y a la vez recluirse en Sácame De Aquí. Cada corte es una historia y a la vez una estampa de la pasión de Bunbury por narrar con sonidos.
Una vez finiquitado el proceso Flamingos, Bunbury, inquieto como siempre, buscó en la inspiración coral el siguiente leit motiv para su obra. Se juntó con Morti, Carlos Ann y Shuarma para fraguar el pop experimental de Bushido (2003), pero esa es otra historia, digna de contar, y que tendrá su continuidad en el futuro de Ecos del Vinilo.
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Hermosos y Malditos (Bunbury)
One, Two, Three (Bunbury)
Hoy No Estoy Para Nadie (Bunbury)
Mundo Feliz (Bunbury)
… Y Al Final (Bunbury)
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Enrique Bunbury: Voz, guitarra.



