Para unos es un remiendo, para otros una obra maestra.
[Ricardo Portmán]
La figura que entraba tambaleándose, entre frágil y decadente, no se decide si agarrar una guitarra o un sentarse frente al mellotrón. Un saxo arrimado en un rincón es una opción. Decide soplar una armónica, pero después de diez minutos se ahoga entre toses y una risita nerviosa. Es Brian Jones. Estamos en 1967, durante la grabación del Their Satanic Majesties Request.
No son buenos tiempos para los Rolling Stones. Se han desecho de su productor de cabecera Andrew Loog Oldham. Tocaron todo lo mal que pudieron para hartarlo. Mick Jagger y Keith Richards (aún ni soñaban con llamarse los Glimmer Twins) asumieron el mando. Bill Wyman produjo su buen tema In Another Land, por cierto, un corte prácticamente solista de Bill. Sólo participaron Watts a la batería, Jagger y Ronnie Lane con unos pocos coros. Nicky Hopkins al piano. Steve Marriott aportó mucho y bien, a las guitarras y voces.
Es precisamente entre estas texturas psicodélicas que las aristas equidistantes de los Stones, Brian Jones y Keith Richards forzaban sus límites. Jones se sentía a sus anchas y Richards asfixiado. El rocker Keith no entendía esas elevaciones y precisamente por eso se evadía de la realidad con más sustancias. Brian es cierto que amaba el blues profundamente, pero hacía mucho que su mente se extravió. Ya ni tocaba la guitarra. Prefería tambores y teclados.
Este trabajo de los Stones fue criticado, entre otras cosas, de ser una burda imitación del Sgt. Peppers. Quizás lo fue, pero Jagger y compañía necesitaban y merecían, como todos los demás, una excursión por la psicodelia. Fallaron y rectificaron con el enorme Beggars Banquet. Llama la atención que sea en el Satanic Majesties que se produjera la colaboración de Lennon y McCartney haciendo coros. Las tensiones entre ambas bandas era cosa de los tabloides. La amistad todavía se sostenía.
El tiempo ha pasado con mucha severidad sobre el disco maldito de los Rolling Stones. Suena anacrónico, desafinado a veces, poco inspirado. Con alguna joya menor en existencias (She´s a Rainbow, 2000 Light Years From Home, Citadel) el Majesties Request fue una herida necesaria para los futuros adalides de la contracultura: enn el mayo francés del siguiente año publicarían Street Fighting Man. Pero esa es otra historia.
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