Palosanto
[Warner]
★ ★ ★ ★
[Ricardo Portmán]
Hasta que al fin tenemos en las manos el esperado nuevo disco de Enrique Bunbury. Palosanto partía con desventaja desde el comienzo. Para los que elevan sus expectativas a la estratósfera o para los que esperan que resbale el maño para patearle en el suelo, este nuevo lanzamiento es su momento de gloria/desgracia. El disco es, esencialmente, un buen trabajo de Bunbury. Entiéndase esto como que no es sólo rock, ni pop, ni rancheras. La identidad musical de Enrique, dentro de sus propios parámetros, es un conjunto de átomos que siempre giran, buscándole otra vuelta de tuerca a lo ya girado anteriormente. Escuchando Palosanto en su totalidad estamos claros que no es Flamingos ni Hellville Deluxe. La comparaciones son odiosas y el nuevo material no merece ser nivelado con la obra anterior del cantante.
Su peregrinaje le ha llevado a California y se nota que el nuevo entorno le ha calado. Las nuevas canciones se alejan de la expresividad de Bujías para el dolor, así como del inspirado minimalismo de Las consecuencias. Desde el single Despierta hasta el último corte Todo, el empaque respira sosiego y reflexión. Quitó el pie del acelerador hace tiempo y quizás es lo mejor para la evolución de Enrique como autor. Inevitablemente muchos esperarán más de lo mismo, pero Bunbury se las apañó para dejar con un palmo de narices a los continuistas. Palosanto se convertirá o no en un pilar de la obra del aragonés cuando el tiempo nos dé la distancia suficiente para entenderlo y apreciarlo con justicia.
A la primera escucha puede sorprender, gustar, emocionar o decepcionar. El álbum no dejará a nadie indiferente, eso es seguro. Tema tras tema, vamos a diseccionar Palosanto.
Despierta, el single promocional, es un rock de siempre con esa intro de la eléctrica. Toda una declaración de intenciones.
Más alto que nosotros sólo el cielo es inspirada e inspiradora. Así se podría resumir el leit motiv de este gran tema.
Salvavidas es pura melancolía marca-de-la-casa.
En Los inmortales Bunbury retoma la potencia, el ritmo pesado y la distorsión inicial dan entrada a uno de los caballos de batalla del disco. Los coros femeninos, de premio. Entre los mejores momentos del disco.
Prisioneros es un mid tempo inspirado, guiado por una discreta línea de bajo y cristalinos fraseos de guitarra. En el estribillo los arreglos de cuerdas elevan todo el conjunto. Nos regresa al sonido de Las consecuencias.
Habrá una guerra en las calles. Decir que es el tema político de Palosanto sería lo fácil, pero es mucho más. El trasfondo de esa guerra transciende la calle para convertirse también en una lid de cada quien.
Destrucción masiva entra con un ímpetu arrollador. Las acústicas saturadas y una sección rítmica atronadora lo envuelven todo junto la gran melodía de todo el disco. Probablemente el mejor corte de todo Palosanto.
El cambio y la celebración es lenta y reflexiva. La letra invita a dejar lo que se tiene en las manos y sentarse a escuchar. Entre lo más destacado del álbum.
En el corte Hijo de Cortés se dejan de lado los sonidos experimentales para pasarle el testigo al órgano Hammond y las guitarras. El solo a la eléctrica es francamente alucinante.
Mar de dudas, compuesta a medias entre Enrique y el teclista Rebenaque, es toda cadencia, con ecos latinoamericanos en sus compases.
Miento cuando digo que lo siento. Las escobillas y el trémolo dan la entrada a este tema sugerente, reptante y líricamente confesional.
Nostalgias imperiales. Patrones percusivos y guitarras cargadas de eco envuelven una melodía que suena al Bunbury más clásico, nota por nota.
En el corte Plano secuencia la voz de Enrique se supera a sí misma, brillando entre arpegios acústicos y aromas arrabaleros.
Causalidades es una joya oscura, un tema que seguramente se convertirá en una favorita del público a la larga. Acústica y reminiscente al sonido setentas es redonda en su concepción y ejecución.
Todo. En tempo de vals pero en clave acústica. Bunbury despide Palosanto con mucho estilo. Una canción que se convierte en clásica entre las suyas a la primera escucha.
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