Seis años han bastado para que Queens Of The Stone Age (AKA Josh Homme) levantaran la cabeza de la cómoda almohada que significó su anterior disco, el buen Era Vulgaris. Josh Homme ha sabido madurar su talento con nutritivas colaboraciones (Them Crooked Vultures, Sound City). El conformismo de repetir la fórmula y acumular dinero para la renta ha quedado en anécdota.
Homme se exhibe a la voz y guitarras, se gusta en la composición y se viste con los ropajes de invitados de lujo. No hay rellenos. Nick Olivieri, Dave Grohl, Trent Reznor, Mark Lanegan, Alex Turner, Troy Van Leeuwen, Jake Shears y Elton John. Todo un abanico de alternativas, visiones y buen gusto que le aportan perspectiva a las estrofas de Homme.
El tempo de cada tema sube y baja cual noria desbocada. Del paroxismo de Song For The Deaf pasamos a la contención de The Vampire Of Time And Memory. De un track aplasta-cabezas como Rated D a la grandiosidad de Fairweather Friend. Los claroscuros que imperan en …Like Clockwork recuerdan de alguna manera a la idea primigenia de los Led Zeppelin. Esos extremos cortantes, ese legendario tight but loose. Esta banda es el paradigma de las formas clásicas (más no de lo anacrónico) del rock.
Y no es que los Queens vayan camino de ser unas leyendas de su tiempo. Para eso hace falta más tiempo y sumar horas de vuelo en los estudios de grabación, pero en estos tiempos oscuros de marketing y Club Disney al por mayor, brillan cual faro. No todo está perdido. Josh Homme es un convencido de que el rock no ha muerto. QOTSA no lucha por EL TRONO de los mejores. Ellos tienen un trono propio, aparte de toda la vorágine. Son atípicos, grandilocuentes y persistentes ¿Quién será el valiente que intentará destronarlos?
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