Diseccionando el Monster hasta las raíces
Con los R.E.M. ya extintos, es un hecho consumado la orfandad en los oídos de varias generaciones, que crecieron a la vera de la creatividad y profundidad lírica de los de Athens. Siempre inquietos e inconformistas, Stipe y compañía, allá por 1994 decidieron romper con la inercia triunfal del sonido Out if Time/Automatic for the People y hacer girar las perillas de los amplificadores hacia la distorsión. Criticado y alabado a partes iguales, no se puede negar que Monster es una obra capital dentro del legado de la banda.
Justo en la estela del éxito del Automatic, los R.E.M. se reunieron en un brainstorming de cuatro días en Acapulco, para planear sus siguientes acciones. Bill Berry, baterista y piedra angular del grupo, marcó la pauta a seguir: el nuevo disco tiene que ser Rock. Fue secundado por el siempre lúdico Peter Buck. Todo quedó dicho. Adiós a los medios tiempos, por el momento.
La preproducción la realizaron en Nueva Orleans. En pleno furor creativo escribieron la friolera de 45 canciones. Esas sesiones fueron una revelación por su afán experimental. En febrero del 94 se trasladaron a un estudio en Atlanta, donde grabaron casi todos los temas en vivo, casi recreando un concierto. Estas sesiones estuvieron marcadas por sucesos tales como caídas (Berry y Mills) y ausencias (Buck y Stipe). Pero los acontecimientos que terminaron por marcar la línea anímica del álbum fueron las muertes de Kurt Cobain y River Phoenix, amigos de Michael Stipe. El tema «Let me in» fue dedicado a Cobain y el disco entero a Phoenix.
La caravana siguió su ruta, para internarse en los Criteria Studios en Miami. Ciertos problemas odontológicos de Stipe causaron más retrasos. Scott Litt, su productor de cabecera, estaba al mando. Con la banda ya mudada a los Ocean Way Recording en L.A., Litt no podía evitar mirar con espanto los horarios y tiempos de entrega del disco. Cuando el álbum tendría que estarse mezclando aun seguían escribiendo canciones. Para agregarle tensión al futuro Monster, surgieron fuertes tensiones entre los miembros de la banda. Hasta el punto que prácticamente ni se dirigían la palabra entre ellos. Muy pocas veces coincidieron los cuatro al mismo tiempo en las sesiones. Este conato de guerra terminó en el estudio casero de Litt. Los R.E.M. tomaron las riendas de sus diferencias. Decidieron hacer borrón y cuenta nueva.
Todos estos incidentes se perciben en el sonido crudo, distorsionado y visceral del disco. Bajo mínimos con los overdubs e instrumentos acústicos. La voz de Michael Stipe se alojó por detrás de capas y capas de sonido en la mezcla final. Sus letras mostraban al artista sensible que era. Quedaron en el olvido los personajes ficticios y las máscaras que el cantante adoptaba en otros discos.
La placa abre con esa bandera rompedora de «What’s the Frequency, Kenneth?». Acelerada, de guitarras rasposas y una melodía inolvidable. Aquí Mike Mills toca unas líneas de bajo memorables. La contundente «Crush with Eyeliner» contó con la acertada participación de Thurston Moore de los volcánicos Sonic Youth. «Tongue» es un mid-tempo delicioso, con un órgano de fábula. Esta canción casualmente fue la que tocaban en directo cuando Bill Berry sufrió su aneurisma. «Bang and Blame», otro de los pilares del Monster, contó con la colaboración en los coros de Rain, hermana de River Phoenix. La voz distorsionada y cargada de graves eran el trademark del excelente «King of Comedy», cuyo título provisional durante la grabación era nada más y nada menos que «Yes, I Am Fucking with You». «Strange Currencies» nos devuelve a las texturas del Automatic for the People, pero es sólo un espejismo.
Monster fue número uno a nivel mundial, aclamado por el público. Con luces y sombras entre la crítica especializada. No se puede complacer a todo el mundo. Para los R.E.M. lo importante siempre fue ser fieles a sus búsquedas. Consecuentes con sus ideales, Stipe, Buck, Mills y Berry dejaron para la posteridad su último gran disco. En pleno tour, el aneurisma del baterista dio el pistoletazo de salida para la lenta pero constante caída creativa del grupo. Ya nada volvió a ser lo mismo para ellos. Su final lo corroboró. Hasta siempre, R.E.M.
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