Tras el mito del White Album latinoamericano: Re.
Cuando se habla de los mejores discos en la historia musical del rock latinoamericano no es extraño que una gran mayoría diriga su mirada al maravilloso Re (1994) de los Café Tacvba. Definitivamente un hito en su carrera. Un antes y después en muchos aspectos para el devenir de estilos que le sucedieron.
Camaleónicos como nadie, tanto en imagen como en lo musical, supieron plasmar con maestría su cosmogonía particular en una amplísima gama de géneros, que van desde los ritmos regionales mexicanos, el bolero y la música norteña hasta el pop, el punk y el ska.
La crítica suele comparar a Re con el White Album de The Beatles. Razón no les falta. Guardando las distancias musicales, son más semejantes de lo que parece. La cantidad, variedad de estilos y calidad de composiciones los ponen hombro con hombro, cada uno en su propia parcela. El disco se grabó artesanalmente entre Cuernavaca (Morelos) y Los Angeles (California) bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla, toda una garantía del buen hacer y mejor gusto. Santaolalla ya les había producido su primer disco. La semilla de esta colaboración se sembró entre las notas de «La Chica Banda» y «Pinche Juan».
A pesar de manejarse entre tantas tesituras, el disco suena siempre uniforme, coherente en todo momento, especialmente porque en Re lo cíclico de la música y sus diferencias culturales se mantuvo como premisa primordial.
Abre el disco «El Aparato», una delirante historia de ovnis a ritmo de jarana, cortesía del guitarrista Joselo Rangel. Toda una declaración de intenciones para empezar.
«La Ingrata», el gran éxito y single promocional, nos muestra las habilidades de su tecladista Emmanuel del Real a la melódica, dentro de un ritmo tex-mex totalmente contagioso y unas estrofas hilarantes a la vez que sórdidas. Radicalmente cambiamos de dial con los grandes «El Ciclón» (un funk con reivindicaciones ecológicas) y «El Borrego» (tecno-punk total, un guiño a la visceralidad de la adolescencia).
«Esa Noche» es un bolero delicado y sublime, dedicado a la gran Chavela Vargas. «24 Horas» y «El Metro» son las odas a la vida moderna y sus aceleraciones vitales. «Trópico de Cáncer» es el himno acústico que denuncia la relación humanos-naturaleza, explotación-regeneración.
«El Fin de la Infancia» es un potente y acelerado ska, aderezado con una banda de metales al estilo de Sinaloa. Un nuevo contraste llega con «Madrugal», un bolero de trío escrito por el bajista Quique Rangel, con una letra sencillamente genial con un final gratamente desconcertante. Su brevedad es una delicia.
Llegamos a uno de los temas más inspirados de Re: «Pez» / «Verde», dos canciones en una. Un «Happiness is a Warm Gun» en toda regla. Una composición de pop superior con una letra profunda y evocadora.
El folklore de raíces llega con «La Negrita» (con un sabio regusto a la soleada Veracruz) y el supremo «El Tlatoani del Barrio», percusivo y narrativo total. Una historia para no perderse ni un detalle, especialmente por su relación con el universo personal de su vocalista Ruben Albarrán/Cosme.
El otro gran éxito individual de Re fue ese enorme tema llamado «Las Flores», alegre y saltarina al compás de la melódica y la jarana. «El Baile y el Salón» es un tema sugerente, con un fraseo vocal de Cosme emocionante, guitarras funk y unos acordes monumentales de piano en el estribillo. «El Puñal y el Corazón» es un toda una oda al desengaño, el despecho y la tragedia del desamor. El violín es la seña de identidad de este tema con reminiscencias a mambo y caribe.
El disco cierra con el delicado cuadro al óleo llamado «El Balcón». Guiado por un piano vintage y una letra costumbrista. Una despedida a media voz, muy al estilo del «Good Night» del White Album pero con sangre mexicana y sentimiento universal.
Los premios y reconocimientos no se hicieron esperar. Las ventas tampoco. La consagración internacional de la banda les permitió poder dedicarse con holgura a seguir creando discos de calidad, pero los niveles alcanzados por Re marcaron el punto álgido de su carrera.
Los Café Tacvba, 18 años después, siguen siendo referente de creatividad y excelencia musical a nivel continental. Sus integrantes han sabido mantenerse fieles a ese estilo innovador y autóctono. Independientemente de la acogida que tengan cualquiera de sus otros lanzamientos, los Tacvbos ya han dejado una huella indeleble en la cultura latinoamericana. Siguen siendo camaleones y centinelas de ese gran monumento llamado Re.
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