Crítica | The Rolling Stones: A sus pies, majestades

Crítica | The Rolling Stones: A sus pies, majestades

[Ricardo Portman] @ecosdelvinilo | @ricardoportman_

Existe una diferencia enorme entre sonar actual y querer sonar actual. La primera nace de la evolución; la segunda, del miedo a convertirse en una pieza de museo. The Rolling Stones pertenecen al primer grupo. Foreign Tongues es un disco de nuestro tiempo, no un ejercicio de nostalgia. Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood no compiten con nadie, se descojonan de las tendencias vacías y desde esa actitud se lanzaron a grabar un álbum que parece partir de una página en blanco. Sí, la banda que carga sobre sus espaldas con una trayectoria que destroza los conceptos espacio-temporales, puede sacarse de la manga un naipe afilado con canciones que suenan a 1966, 1976 y 2026, todo a la vez. 

Andrew Watt vuelve a demostrar que entiende algo que otros productores nunca comprendieron: The Rolling Stones no necesitan una reconstrucción. Necesitan contexto y distancia, que lo demás corre por su cuenta.

En los últimos años se ha instalado la idea de que las viejas glorias sólo tienen dos caminos posibles: repetir la fórmula hasta el agotamiento o disfrazarse de modernos para aparecer en el algoritmo. Los Stones escapan de esa dicotomía. Aquí hay programación cuando hace falta, guitarras tratadas con criterio y una mezcla con un rango dinámico diferente al de sus discos clásicos. Pero nada de eso altera un mojo que sigue latiendo, seduciendo y rompiendo mandíbulas. ¡Qué éstos son los malditos Stones, nunca lo olvidemos!

Rough And Twisted abre el álbum con la autoridad de quien no necesita presentación. No busca el riff definitivo ni la explosión inmediata. Lo que propone es un groove oscuro y sexual. Un riff seco de la slide del pantano, una blues harp afrodisíaca que te hace replantearte la vida, un bajo categórico y una batería que busca provocarte un leve infarto. Es un comienzo marca-de-la-casa, tal como lo fueron en su momento If You Can’t Rock Me o Rocks Off. Esto es el oro en la mina.

In The Stars representa uno de los primeros (y tempranos) giros del álbum. La producción gana protagonismo y aparecen texturas que hace veinte años probablemente no habrían tenido lugar en un disco de los Stones. Sin embargo, todo está al servicio de la canción que fue el primer single de adelanto y que dio mucho de qué hablar por un videoclip “atemporal” (guiño, guiño). Imperativa, inspirada, potente y capaz de clavarse en tu mente, ¿qué más se le puede pedir a cuatro minutos y trece segundos de arte y sudor?

Otro de los sencillos promocionales fue Jealous Lover, un acercamiento estilístico a la etapa Black & Blue. Es un midtempo sacado adelante con oficio, donde lo mejor es su estribillo y lo cuestionable el falsete-peso-mosca de Jagger. No termino de entender su elección como single, aunque si sirvió para ver a Anya Taylor-Joy en el vídeo oficial, pues me subo al barco (con reservas). Debo decirlo: es el tema más flojo del disco.

La gloriosa y juguetona Mr. Charm devuelve el protagonismo al riff y al shuffle. Aquí sí aparecen esos guiños al rhythm & blues que siempre fue el verdadero ADN del grupo. No intenta sonar a 1972, pero tampoco reniega de aquella escuela. Estos son mis Rolling Stones cachondos de toda la vida. Tiene lo que tiene que tener un tema RS modo Siglo XXI. Engancha más que la cafeína, el sexo o un cargo público. Un hit más grande que Siberia.

Vamos con el puto rock n’ roll de toda la vida, presente en cada minuto de Divine Intervention. Sí, en el estribillo hay muchas capas y una mezcla ambiciosa, pero esto no rebaja el impacto honky-rock de las estrofas. Puede parecer una obviedad, pero hoy resulta casi subversivo escuchar un disco donde las canciones respiran y te dan de patadas en la entrepierna. 

El country, esa bendita mala costumbre de los Stones, regresa ahora con Ringing Hollow, un modesto vistazo al territorio del Far Away Eyes  de 1978, dándole equilibrio y profundidad al bodegón Foreign Tongues. Se agradece la pausa para recargar el trago y sentarse a ver la vida discurrir. No todo necesita ser un single potencial. 

Los Stones siempre fueron mejores insinuando que explicando y en Never Wanna Lose You encuentra uno de esos momentos cruciales dentro de los álbumes de los británicos, donde lo importante es lo que se intuye amenazante tras las ondas. Esta canción es trepidante, lasciva y con un bajo funky a lo Bill Wyman tan catártico que es como un gol de Bellingham en la copa del mundo. Que demonios, es muy buena.

Don Charlie Watts regresa desde un infinito que le pertenece con la eléctrica Hit Me In The Head. Dos o tres acordes bastan para recordar que el rock n’ roll sigue funcionando cuando se interpreta con una convicción de piedra caliza. Me emociona saber que fue el último tema que el bueno de Charlie grabó con SU banda. Este es uno de los highlights de Foreign Tongues y si no te pone a mover la cabeza y dar saltos es que estás muerto por dentro.

La revisión de You Know I’m No Good de Amy Winehouse era una apuesta de riesgo. Versionar una canción tan internalizada por la aldea global obligaba a tomar una decisión: copiar o reinterpretar. Afortunadamente eligen la segunda opción. La llevan hacia un terreno mucho más blues y menos sofisticado. No es ni por asomo una de las piezas esenciales del tracklist, pero sí es una de las más interesantes por el enfoque y el color que aporta.

Llegamos a la joya del álbum: Some Of Us. Esta maravilla de Keith Richards nos lleva al bar que empieza recoger las mesas mientras terminas el último bourbon con lágrimas en los ojos. Aquí nuestro pirata favorito destapa el tarro de la esencias con esa voz cavernosa, sabia y absoluta en el centro de una composición construida alrededor de pequeños detalles que aparecen escucha tras escucha. Gram Parsons debe estar sonriendo en este momento, donde sea que esté su espíritu manso y atormentado.

El bajo más asesino y despiadado del cancionero está en Covered In You. Sí, es el bajo del titán Paul McCartney, puesto al servicio de una canción redonda, que contiene la que quizás sea la mejor toma vocal de Mick y donde conviven perfectamente el sonido vintage de las guitarras con una mezcla frontalmente contemporánea. 

Llegó el momento de aceptar “mis culpas”: Side Effects probablemente el experimento más evidente de Foreign Tongues y el máximo alejamiento del registro RS, está entre mis tracks preferidos. Puede parecerlo pero no lo percibo como un intento desesperado por sonar jóvenes. Encaja perfectamente en el discurso con coherencia y una energía contagiosa. Cuando quiera escuchar a los Stones clásicos me pondré el Let It Bleed. El presente de Jagger, Richards y Wood es esta canción y lo abrazo.

Back In Your Life prepara el desenlace sin necesidad de recurrir al exceso. Tiene algo de despedida, pero también de celebración. Es emocionante, sentimental, incluso un poco Beatle. Como te pille con las defensas bajas puede hacerte detener la marcha del día y se te haga de noche en los ojos. Me deja con un nudo en la garganta (cosa que casi no me pasa con nada grabado en este maldito siglo). Thank you, lads.

Y entonces llega el cierre con Beautiful Delilah, la declaración estética más interesante del disco. Mientras muchos buscan con ahínco la máxima espectacularidad sonora, los Stones hacen exactamente lo contrario. La producción adopta en este tema un rasposo carácter lo-fi, con una calidez que parece salir directamente de una cinta analógica. Las pequeñas imperfecciones forman parte del encanto. La textura pesa más que la limpieza. Es un cierre profundamente humano, de emoción capturada en un momento aleatorio y trascendente.

Lo más valioso de Foreign Tongues es la certeza que la banda todavía es capaz de cuestionar su propio lenguaje sin perder el acento. Este álbum no intenta competir con Sticky Fingers, Exile on Main St. o Tattoo You. Sería un error juzgarlo desde ahí. Su mérito consiste en demostrar que todavía existe espacio para escribir un nuevo capítulo sin vivir a la sombra de sí mismos. Suena a un grupo que sigue entendiendo que el rock n’ roll no depende del calendario, sino del orgullo y la convicción con la que todavía eres capaz de hacer vibrar las cuerdas y quemar un amplificador. Como en toda mi vida, sigo a los pies de sus majestades. 

Sobre el autor de la crítica:

RICARDO PORTMAN: Fundador y editor de Ecos del Vinilo, es periodista y crítico musical, criado y alimentado por el rock n’ roll; creció a la vera de The Beatles, los Stones, The Doors, Pink Floyd y Queen, compañeros de viaje que fueron nutriendo el banco de datos de una mente que siempre se ha movido en acordes, estrofas y vinilos. – @ricardoportman_ | @ecosdelvinilo

Copyright © 2026 Ecos del Vinilo. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin previa autorización del autor.

Deja un comentario

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *