Crítica | Rufus T. Firefly: La cúspide, el vértice y el vórtice

Crítica | Rufus T. Firefly: La cúspide, el vértice y el vórtice


[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo | @portman918

La realización. La placidez. La fluidez natural. Incluso hasta el nirvana. A estos estados afortunados pocos artistas pueden vanagloriarse de haber llegado. Y Rufus T. Firefly, desde la humildad, el trabajo, la inspiración y sobre todo la fuerza artesana del que sabe llegar al corazón, ha alcanzado esa cota tan alta, y a la vez, cercana a la emoción de quienes les escuchamos desde ya unos cuantos años con su nuevo y esperadísimo disco El Largo Mañana, un The-Black-Album en toda regla. 

Desde la máxima “reinventarse o morir” los de Aranjuez apostaron con valentía por nuevas frecuencias, por quitar el pie del acelerador y como en algún momento a declarado Víctor Cabezuelo, líder del proyecto, “tocar un poco más flojito”. Pues menos es más, querido Víctor, menos es mucho más.

La suma de Juan Feo (percusiones) y de Marta Brandáriz (teclados, voces) a nuestros Rufus habituales ha revelado nuevas vetas diamantinas en este sonido redescubierto, aumentando su valor de forma exponencial.

La fantasía lisérgica y el fuego latente de los versos de Torre de Marfil nos dan la bienvenida al bodegón soul. Las teclas de Víctor y Marta irrumpen con furia fría arropados por nuestra baterista-tótem Julia Martín-Maestro, impresionante y rompedora en todo el cancionero.

Lafayette es un tema tan Rufus como tan tierra-ignota. El Largo Mañana es África, es Stax y negrura deliciosa. “Me has conocido en un momento extraño de mi vida” canta Victor y nosotros hacemos parábola en regresión al Club de la Lucha.

Sé Dónde Van Los Patos Cuando Se Congela El Lago nos coge de la cintura para subirnos a la pista Soul-Gaye-Mayfield (¿acaso algo puede ser más sensual y a la vez más puro que ésto?). Polvo de Diamantes es otro de los puntos altos dentro de una arboleda de highlights, junto con el Jauja repentino por partida triple de los dark-hits indiscutibles Esta Persona No Existe, Tempelhof y El Hombre De Otro Tiempo. Oro en polvo (o un polvo de oro… su escucha).

Para el final he querido dejar la que considero es la cúspide, el vértice y el vórtice de El Largo Mañana: Selene, tema definitivo (por ahora) de Rufus T. Firefly, una oda con aires-Marvin, con alma-Isaac, con plena esencia-Rufus. No hay palabras que hagan justicia a su escucha (tanto en estudio como en vivo). 

Han sido varios los años desde el portentoso punch 1-2 de Magnolia/Loto y esa espera era un arma de doble filo. Las expectativas crecían con el paso de los meses. La necesidad de nuevo material, apremiante, y la espera no sólo ha valido la pena, incluso nos puede hacer sentir un poquito de vergüenza, porque los genios no son compatibles con las prisas y Rufus T. Firefly tienen por derecho propio una patente de corso en nuestra escena musical para tomarse el tiempo que deseen en sus procesos creativos. Las encrucijadas suelen plantarse ante los artistas en ciertos momentos de sus carreras y Víctor, Julia, Carlos, Miguel, Marta y Juan han tomado el camino directo a nuestra querencia. Pocos discos me han clavado tanta felicidad en mi retorcida alma de crítico. 

  

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