Crítica | Derby Motoreta’s Burrito Kachimba: La kinkidelia vive, la lucha sigue

Crítica | Derby Motoreta’s Burrito Kachimba: La kinkidelia vive, la lucha sigue


[Guillermo Rodero Larraz] @ecosdelvinilo | @GuilleRodero

Mucho se ha hablado en esta pandemia de palabras nuevas, de descubrimientos. Sindemia, resiliencia y cosas así. Hoy he descubierto una nueva y maravillosa, kinkidelia.

Kinkidelia sería la definición perfecta para el sonido de la banda andaluza Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Reconozco que poner etiquetas se me ha dado siempre fatal, pero aquí hay un caso extremo. No sabría si definirlos como hard rock, rock psicodélico o, simplemente, como rock andaluz. Básicamente, suenan a lo que sonaría una banda fundada por Fernando León de Aranoa o Eloy de la Iglesia si estuviesen obsesionados con Triana, la psicodelia y con alguna litrona de más en el cuerpo. Como etiqueta no es mucho, la verdad.

En su último disco, Hilo Negro, nacido en este 2021, la banda andaluza muestra el estilo que ya fue enseñando en años pasados (nacieron en 2017 y su primer álbum data de 2019), pero lo hace de una manera como nunca antes. Se les nota sobrados, se les nota comodísimos. Como si hubiesen dado un salto descomunal en los últimos dos años y con una pandemia. Con esto, no quiero decir que antes no fuesen buenos. Para nada, su “Aliento de dragón” me sigue pareciendo gloria bendita, sino que ahora son mucho mejores y se podría decir que los primeros en notarlo han sido ellos mismos.

Una muestra de esta evolución es la primera canción del disco, “El Valle”. Psicodélica, oriental y con muchas etapas. Incluso se puede intuir un cante, un sentimiento andaluz renovado y distinguible. Una romería sin caballos y repleta de camellos (no necesariamente de cuatro patas) o una procesión motorizada y apurando las curvas. Una delicia. Puede incluso dar la sensación de que ya no pueden enseñarnos más y que esa primera canción lo representa todo. Inocente.

“Porselana Teeth” es la segunda canción y para mí una de las mejores del disco. Guitarras y bajos propios del funk más trasnochado y una experiencia casi religiosa. Una oración de cuatro minutos. “Gitana” aumenta el ritmo y, para ser el segundo adelanto de este disco (el primero fue “El Valle”), da la sensación de habernos enseñado ya casi todas las cartas de esta banda formada por Bacca, Soni, Papi, Gringo y Dandy Piranha. Es decir, no es demasiado habitual enseñar una canción de casi seis minutazos a las primeras de cambio. Y menos si es una montaña rusa, como es esta. 

“Turbocamello” es un viaje en alfombra voladora con motor diésel y con los bolsillos repletos de bellotas de hachís. No se me ocurre una definición mejor y creo que lo mejor será que la escuchéis. Ya acabando esta obra de surrealismo, de sintetizadores que echan humo, líneas de bajo que son una gozada y la voz de Dandy Piranha, que funciona a modo de incienso bien calibrado, aparecen “Caño Cojo” y “La Cueva”. Sublimes, profundas y cargaditas de metralla, como su Sevilla natal. Los últimos coletazos de algo con mucha vida. No son los coletazos de algo que se muere, sino de algo que se va de viaje y que volverá pronto. El disco, cuya última canción es “La Cueva”, acaba entre risas. La kinkidelia vive, la lucha sigue.

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