“Un álbum que pretende hacerte vibrar, que sabe acompañarte en la desazón, que está ahí para impulsarte a soñar, y que supondrá un fiel compañero para el resto de tu vida”
[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo
1995 fue el año de No Doubt, una banda que supo escapar de los cánones musicales de la época encorsetados entre el pop y el grunge estandarizado de aquellos días. Poco imaginaba la agrupación diez años atrás, cuando presumía de cierto prestigio en circuitos independientes, que con la publicación de su tercer disco de estudio Tragic Kingdom, se convertirían en auténticas estrellas más allá de USA; suponemos que tampoco sospechaban que, a la postre, su vocalista Gwen Stefani alcanzaría el estatus de celebridad mundial. Y es que si a algo hay que achacar el reventón que pegaron los No Doubt en los 90, es al potencial de su vocalista. A esa personalísima manera con que la Stefani interpretaba sus propias composiciones importándole más bien poco la escasa consideración que los grandes críticos de la industria norteamericana le profesaban como letrista. El peculiar sonido de la banda se potenciaba con el desgarro de unas letras que hablaban de dolor, vaivenes emocionales, o tensiones dentro del propio conjunto. Y Stefani tenía tantas tablas cuando le sobrevino el estrellato, que las escenificaba a la perfección sin tener que impostar su actitud; como prueba vean el vídeo de Don’t Speak, en él se refleja la fría relación entre el bajista de la banda Tony Kanal, y la propia cantante tras romper un noviazgo de varios años, se metieron tanto en su papel, que filmaron un pequeño corto sobre el final del amor. La rubia cabellera platino de la muchacha, unida a la belleza que emanaba en el escenario, ensalzaron su sensualidad y ese bhindis hindú que lucía en la frente y del que nunca se desprendía en sus conciertos.
Tragic Kingdom es el disco de la vida de muchos de nosotros (adolescentes noventeros ávidos de sonoridades nuevas), y tristemente, el mejor disco de la banda hasta la fecha. Lo que vendría a posteriori jamás alcanzó semejante redondez. Siguieron vendiendo, acumularon un par de éxitos más, pero desvirtuaron su seña de identidad dejando atrás un sonido genuino para abrazar el pop y el rock más clásicos.
Antes de que la disquera MCA apostara firmemente por ellos, y tras acumular varios fracasos, No Doubt tuvo que superar un par de obstáculos que casi llevan el barco a pique: A finales de los 80, el que era vocalista de la banda, Spencer, se suicida para sorpresa de muchos y pena de unos compañeros que incapaces de llenar el hueco que dejó en la formación, se vieron tentados a colgar sus instrumentos para siempre. Hasta que Gwen decide dejar de ser un simple apoyo vocal, y tomar las riendas del proyecto, navegaron por aguas turbulentas. Un poquito antes de que se publicase Tragic Kingdom, el hermano de Stefani abandona el grupo; debieron pasar por once estudios de grabación para poder dar forma a un trabajo que les provocaba dolor de cabeza bajo la batuta de Matthew Wilder en la producción, y como ya hemos mencionado en líneas anteriores, Kanal y Stefani ni se hablaban tras su ruptura.
Con este panorama desalentador (solo MCA tenía esperanza en un futuro trallazo de ventas) ve la luz la mayor obra de arte del grupo, tanto es así que llegaron a ser diamante en USA. Tragic Kingdom es tan perfecto que cualquier canción podría haber sido single aunque destacase sobremanera Don’t Speak. El disco abre con Spiderwebs, una auténtica joya a la que ayudó un divertido videoclip que la MTV programó hasta la saciedad. En mi modesta opinión, es la prueba fehaciente de lo bien que llevaba Gwen la mezcla de estilos que popularizaron; el bajo pasa sin esfuerzo de los sonidos clásicos al ska para acompañar a una batería cuyos breaks dejan patente el dominio del ritmo. Bajo y batería sirven de adorno a una guitarra que surfea como loca por ritmos jamaicanos. Dignos de mención son los arpegios tranquilos, los riffs que pinchan y el derroche de post punk. Con Just a Girl enloquecían al público en vivo. Su letra reivindicativa y las fuentes grunge de las que también supieron beber dotaron al tema de originalidad. Sunday Morning es genial, junto a Excuse Mr aportan color al disco ya que suponen ambas un derroche de talento, pero ante todo, un derroche de voz por parte de Stefani; sin muchas pretensiones domina el falsete y pasa a la voz rasgada en un suspiro. En Sixteen sobresale el teclado, lo mismo ocurre en World Go Round. You Can Do It es la puerta de salida de un disco de diez aunque a los más puristas les cueste digerir el derroche de energía y las letras facilonas con las que lo denostaban. You Can Do It es a día de hoy, una deliciosa canción pop.
Different People es puro virtuosismo funk, y The Climb un exponente de la globalización del sonido que mejor dominaban. Se agarraron a la extraña Tragic Kingdom para cerrar un álbum que pretende hacerte vibrar, que sabe acompañarte en la desazón, que está ahí para impulsarte a soñar, y que supondrá un fiel compañero para el resto de tu vida.
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