Concierto | Stendhal Ensemble: Madera y cuerdas, donde todo comienza

Concierto | Stendhal Ensemble: Madera y cuerdas, donde todo comienza

Recordamos su concierto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid del pasado 8 de agosto

[Ricardo Portman] @ecosdelvinilo | @ricardoportman_

Candlelight. Fever. Verano y público estival de mediana edad. Todo confluye en un concepto alejado del summer fest habitual de las redes. Pero este tipo de lives tienen más de originario que mucha banda indie de Zapata-Moustache, Chiringuito y bedroom pop. Hablo del cuarteto de cuerdas Stendhal Ensemble que, a la luz de la velas, recupera la música de nuestras vidas (o por lo menos de la mía). Hablo de una performance que he visto por segunda vez, recuperando clásicos de The Beatles y Queen. 8 de agosto de 2026. Círculo de Bellas Artes de Madrid. Tengo a cuatro virtuosos de la cuerda frotada a metros y a una preciosa ninfa sufriendo por la dureza del asiento a centímetros. Este mi pequeño concepto de la gloria.

Dos violines, una viola y un violonchelo. Instrumentos que conecto íntimamente con The Beatles (cortesía de aquel genio llamado George Martin). Yo podía imaginar los temas de los Fab Four perfectamente en este formato, pero con lo que no contaba era con que Marta Cobos (violín), Cristina de Mingo (viola) y Paloma G. del Busto (violonchelo) interpretarían las partes de bajo, guitarras y hasta los coros con sus arcos. Here Comes The Sun abría el recital con la luminosidad propia de su título y no pude reprimir una sonrisa imaginando aquel día de 1969 cuando George Harrison la compuso junto a Eric Clapton paseando por su jardín. Blackbird fue la primera selección no obvia, ya que es una canción estrictamente de guitarra acústica, pero que bebe armónicamente de las fuentes de Bach, mientras líricamente surgió del inocente canto de un mirlo. 

Si una canción se beneficia de los arreglos de cuerda es Help! con sus coros-respuesta a la línea vocal principal, ideales para ser interpretados por la viola. El primer reto para los ejecutantes sobre el escenario fue Come Together, un caballo a domar en lo rítmico y lo que lograron fue un triunfo, llevando el sonido pantanoso de Lennon y hasta los solos de Harrison al marco clásico con absoluta naturalidad.

No soy fan de Yesterday. Nunca lo he sido. Pero sí que deseaba escucharla por los arreglos de cuerda, que en su forma original son emocionantes y sobre el escenario fueron sublimes de la mano de Stendhal Ensemble. All You Need is Love cierra el segmento Beatle con alegría y luces de colores, desde la juguetona intro de La Marsellesa hasta la coda reminiscente al verano del amor de 1967. 

Intermission time. Estiramos un poco las piernas. La ninfa a mi lado disfruta del concierto pero sigue buscando una postura más cómoda. Se le resiste el asiento, que no colabora en temas de confort pero esto es sólo peccata minuta. Esta siendo una noche deluxe, aunque admito que deseaba con todo mi corazón que hubieran tocado Eleanor Rigby. Ojalá la consideren para futuros conciertos. Ahora vamos con el segundo acto: Queen.

Dos violines, una viola y un violonchelo. Instrumentos que no conecto de buenas a primeras con Queen, o por lo menos con la mayor parte de su cancionero. Pero una balada infinita que sí que se beneficia de la madera es Love of My Life, la oda con más alma que jamás un hombre le haya escrito a una mujer. Freddie a Mary.  Stendhal Ensemble recuperaron el arreglo original del álbum A Night At The Opera con una ejecución sublime. 

Another One Bites The Dust. Si, Another One Bites The Dust. Una locura para ser tocada por un cuarteto de cuerdas. Es imposible hacerle justicia (pensaba) pero estos cuatro artistas entre las velas tomaron el toro por los cuernos y tocaron lo mejor de toda la noche. Una versión descomunal de Another One Bites The Dust con el violonchelo haciendo de bajo, de batería y de primera línea de caballería. Todos nos pusimos de pie de un salto con la última nota.

Una de las características más paradigmáticas de los conciertos de Queen era la participación directa del público y con We Are The Champions y We Will Rock You llegaba el show-time para el respetable. La primera cantada con un gran fervor mundialista y la segunda con las palmas, golpes con los pies y el estribillo ancestral. Fue el momento más stadium-rock dentro de un concierto de cámara.

I Want To Break Free es uno de mis temas favoritos de Queen así que la escuché con especial atención. Muy acertado que la viola llevara el peso mientras el violonchelo aportaba un fascinante acercamiento a la base rítmica original. Mención especial para la recreación al violín del solo de guitarra de Brian May. Luego llegó el momento Radio Gaga y el tiempo de ponerse serios porque es un verdadero tour de force llevar los sintetizadores primigenios al idioma orquestal. Lo lograron demostrando maestría, buen gusto y conocimiento de hasta dónde se debe llegar. 

El cierre no podía ser otro que la gran ópera-rock de la historia de la música occidental, Bohemian Rhapsody. Enorme, emotiva, laberíntica en todas sus secciones, una medusa que te vuelve de piedra si le miras a los ojos. El cuarteto hizo suya la canción y también nos hizo suyos a todos los presentes en el teatro. Pude disimular una lágrima. No quería que la ninfa a mi lado la viera. Anyway the wind blows!

Stendhal Ensemble cerraron la noche con la canción que todos los que amamos a Queen y a Freddie no podemos escuchar sin un estremecimiento interno. The Show Must Go On. El canto de cisne de Mercury y el grito desgarrado de un genio a las puertas de la muerte. Como cantaban Mecano: los genios no deben morir. 

Ovación en pie, vítores y deseo de más, porque el concierto se hizo corto, lo cual es la mejor señal. Quiero volver a ver a Stendhal Ensemble y así será. Su interpretación respetuosa y cargada de amor por sus referentes musicales me hizo recordar que en la madera y las cuerdas es donde todo comienza.

Sobre el autor de la crítica:

RICARDO PORTMAN: Fundador y editor de Ecos del Vinilo, es periodista y crítico musical, criado y alimentado por el rock n’ roll; creció a la vera de The Beatles, los Stones, The Doors, Pink Floyd y Queen, compañeros de viaje que fueron nutriendo el banco de datos de una mente que siempre se ha movido en acordes, estrofas y vinilos. – @ricardoportman_ | @ecosdelvinilo

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