[Ricardo Portman] @ecosdelvinilo | @ricardoportman_
Con calma y desinhibición. Con una inocencia latente y silvestre. Haciendo gala de una honestidad que resplandece como un reloj de bolsillo colgando de un chaleco psicodélico. Esto es Rufus T. Firefly en estado puro con su nuevo álbum Todas Las Cosas Buenas. Tres años largos les tomó a los de Aranjuez traer al mundo material un álbum sin nada, pero con todo, por demostrar. Si El Largo Mañana (2021) fue una declaración de amor por la música negra ahora Todas Las Cosas Buenas llega como la plena consumación del acto amatorio con la belleza de la música como forma de arte.
Canción de Paz abre jugando un poco al despiste, porque sus tejidos de bossa-nova/folk orientan las velas en contra del viento del resto del tracklist. Esta delicada balada la percibo como el encantador hall de entrada a la casa grande del disco. Lo que le sigue es la apoteosis de la mejor batería de este país. Julia Martín-Maestro rompe los continentes con una intro percusiva que nos lleva a El Principio De Todo, una canción synth-funk-rock, que con ese título asume el rol de primera-segunda (o segunda-primera) canción. El Coro Del Amanecer da un paso adelante hacia el estanque electrónico con una elegancia casi quirúrgica.
Lo que le sigue es para mi la joya y el highlight del álbum: Trueno Azul, una canción que atesora todo lo que significa ‘El sonido Rufus’, término que me permito y que sí, existe, como una entidad propia por encima de las influencias y etiquetas. Un tight-but-loose con una primera parte que es toda sensibilidad y un segundo acto que es rhythm & blues sintético y apocalíptico.
La Plaza brinda un trago de sosiego y reflexión, con las guitarras retomando el mando y con un Víctor Cabezuelo que canta como nunca. Camina A Través del Fuego es una bienvenida siesta reparadora de ambient y dream pop a lo Daft Punk.
Admito que a nivel personal mi canción favorita es Premios de la Música Independiente, una preciosidad minimalista y el máximo acercamiento a la perfección que encontraremos no sólo en este álbum sino en toda la discografía de Rufus T. Firefly. Que Víctor es capaz de emocionar hasta a las piedras es mi dogma de fe. El rock atmosférico también tiene cabida en este bodegón perfumado, con la descarga eléctrica del tema homónimo del LP: Todas Las Cosas Buenas toma el testigo de Río Wolf, heredando su poderío y aportándole un savoir faire fruto de la experiencia.
“¡Por fin Greta Garbo habla! George Harrison se ha liberado… ¡y Julia canta!” Me permito parafrasear el titular de la revista Melody Maker de enero de 1971 para esta delicada Ceci N’est Pas Une Pipe, donde Julia asume labores de cantante principal y la cálida suavidad de su voz es una revelación. La experimentación retorna con Dron Sobrevolando Castilla La-Mancha, donde la electrónica guía el timón hacia aguas ignotas. Lumbre cierra el tracklist con un delicado inventario de intenciones que une los dos extremos de la recta iniciada en Canción de Paz.
Todas Las Cosas Buenas es un álbum que no entra a la primera y eso es la gloria. Obliga a regresar sobre los pasos de la escucha, mueve a sentarse, a agudizar los sentidos, incluso lleva a cerrar los ojos para ver mejor las formas melódicas del que seguramente es el disco de Rufus T. Firefly que mejor maneja las emociones, propias y ajenas, confirmando que todas las cosas buenas siempre suceden en los discos de esta banda que sigue siendo un puto milagro.
Sobre el autor de la crítica:
RICARDO PORTMAN: Fundador y editor de Ecos del Vinilo, es periodista y crítico musical, criado y alimentado por el rock n’ roll; creció a la vera de The Beatles, los Stones, The Doors, Pink Floyd y Queen, compañeros de viaje que fueron nutriendo el banco de datos de una mente que siempre se ha movido en acordes, estrofas y vinilos. – @ricardoportman_ | @ecosdelvinilo
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