Crítica | The Smashing Pumpkins: El oro de las intenciones

Crítica | The Smashing Pumpkins: El oro de las intenciones


 

[Ricardo Portman] @ecosdelvinilo | @ricardoportman_

La verdad es que me desconciertan los Smashing Pumpkins. Tienen varias décadas lanzando el disco del regreso al poderío de antaño, el álbum que retorna a las raíces originarias, el renacimiento de la gran banda de rock alternativo de los noventa, etc. Anuncio tras anuncio, promesa tras promesa, manifiestos para alimentar el hype y hasta la reunión de casi todo el lineup original. Pero todo el oro de las intenciones se derrite en cuanto escucho los discos. Y me apena esto, porque admito que he admirado (mucho) al grupo de Chicago, pero Aghori Mhori Mei me lleva al mismo puto lugar que Zeitgeist (2007), Monuments to an Elegy (2014), Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun (2018), Cyr (2020) y Atum: A Rock Opera in Three Acts (2023): al aburrimiento más absoluto.

Los diez temas de Aghori Mhori Mei aparentemente siguen una ruta de vuelo, incluso ‘no parecen tan, tan, tan mediocres’ como los de producciones anteriores, lo cual seguramente ha sido el combustible para el entusiasmo de quienes quieren ver en este disco un Return-of-the-Jedi-Corgan, pero la cruda realidad es que son composiciones planas, sin chispa, sin sorpresas, con ese sonido de guitarra horroroso, vacío y artificial que se ha empeñado el líder Billy en utilizar como artefacto de tortura para el oyente sin apenas sonrojarse (él, que ha sido el protagonista de interpretaciones de guitarra eléctrica inventivas, poderosas y brillantes en sus primeros cuatro discos).

Se supone que los temas Edin y Pentagrams van como los cuernos en la proa, pero sus asfixiantes guitarras precisamente quitan el aire necesario para que sean mínimamente disfrutables. La supuesta tristeza de Who Goes There y Goeth The Fall ni conmueve ni emociona. Track-by-track, Aghori Mhori Mei es una muestra descarnada del anodino catálogo sonoro que ofrece un Billy Corgan sin inspiración y de unos Chamberlin e Iha que se suman a su estado semi-vegetativo. 

Aghori Mhori Mei es un álbum con una evidente falta de espontaneidad y alma, sin dejar de lado la misma la grandilocuencia de siempre, ahora quizás más disimulada y sigilosa entre la maleza de los pedales de distort, pero que sigue ahí como el cáncer que consume lentamente a la que fue una banda monumental, con un genio al frente.

Sobre el autor de la crítica:

RICARDO PORTMAN: Fundador y editor de Ecos del Vinilo, es periodista y crítico musical, criado y alimentado por el rock n’ roll; creció a la vera de The Beatles, los Stones, The Doors, Pink Floyd y Queen, compañeros de viaje que fueron nutriendo el banco de datos de una mente que siempre se ha movido en acordes, estrofas y vinilos. – @ricardoportman_ | @ecosdelvinilo

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