Nuestra nueva firma Julia Monrobel estrena sección, dedicada a la fotografía y el rock n’ roll
[Julia Monrobel] @ecosdelvinilo | @monro.vs
Hay fotografías que parecen ser eternas, que no hay generación que no las conozca, que nunca caen en el olvido… Abbey Road, la foto utilizada como portada del álbum de The Beatles, que lleva este mismo nombre, es una de ellas.
En un principio, el disco Abbey Road se iba a titular Everest y la portada iba a ser una fotografía tomada en la cima de la montaña nepalí y la banda aparecería rodeada por un paisaje cubierto de nieve y frío. No sabemos muy bien por qué, a lo mejor por pereza o quizás por las tensiones internas, The Beatles decidió no ir al Everest, sino crear la portada del disco en Londres, en la calle Abbey Road.
Paul McCartney era el que se encargaba de la mayoría de los diseños creativos de la banda y está vez no fue menos; de forma rudimentaria realizó cuatro garabatos que sirvieron de inspiración y guía a Ian Macmillan, el fotógrafo que realizó la toma.

La foto fue hecha con una lente de 50 mm montada en una cámara Hasselblad con los siguientes parámetros: apertura de f/2,8 y velocidad de obturación 1/500. La imagen fue capturada un día corriente y a plena luz del día, en un lugar bastante transitado de la ciudad. Con la ayuda de un policía pararon el tráfico durante apenas 10 minutos; este fue el tiempo que tuvieron para componer y grabar un momento que pasará a los anales de la historia de la fotografía. A pesar de que se realizaron seis disparos, el elegido para ser portada fue el quinto ya que los cuatro hacen un perfecto y simétrico triángulo con sus piernas.
Esta imagen y la banda, al igual que otras muchas, no está exenta de teorías conspiranoicas que la rodean, en este caso nos referimos a “la muerte de Paul McCartney”.

Hay quienes plantearon la hipótesis de que el bajista de The Beatles había muerto y había sido sustituido por alguien que se parecía mucho a él. El grupo representaría a un cortejo fúnebre. En primer lugar veríamos a John Lennon vestido de blanco, sería el sacerdote; seguido de John camina Ringo, quien llevaría el ataúd; después de Ringo aparece Paul, el difunto; y por último, George con el papel de enterrador.
Esta hipótesis estaba fundamentada en el Volkswagen que aparece de fondo. La matrícula se leyó erróneamente como 28IF, lo que se interpretó como una referencia a la edad del bajista si estuviese vivo. A esto se le sumó el hecho de que Paul aparece descalzo y sostiene el cigarrillo con la mano derecha aún siendo zurdo. Esta teoría conspiranoica cobró tal relevancia que el propio Paul lanzó un disco titulado Paul is Live que recoge algunas de sus actuaciones en directo durante su gira mundial en solitario. La portada del disco no es otra que el propio artista en el mismo paso de peatones de Abbey Road parodiando la hipótesis de su muerte.
Abbey Road es sin lugar a duda una de las grandes fotografías de la historia de la música, no solamente por la importancia a nivel cultural que tiene, sino por la belleza de la foto en sí misma. Un composición que definiría como perfecta con un punto de fuga que da una gran profundidad a la imagen, y una simetría que deja a cualquiera absorto mirándola.
Los coches y las pocas personas que se cuelan en la imagen, para mí, son claves en la foto porque ayudan a generar cierta naturalidad y cotidianidad. El hecho de que estén ahí favorece que parezca una instantánea improvisada en lugar de una fotografía premeditada.
Personalmente, considero que es una fotografía de la talla de la banda y que, al igual que ellos, ha pasado merecidamente a la historia.

Sobre la autora del artículo:
JULIA MONROBEL: Rocking comunicadora audiovisual extremeña, apasionada por la fotografía documental, el fotoperiodismo – @monro.vs
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