La Magia de la Psicodelia

La Magia de la Psicodelia

Nuestra firma Andrea Colino presenta la segunda entrega de su sección exclusiva

[Andrea Colino] @ecosdelvinilo | @andreaacolino

Como si el pasado, el presente y el futuro fueran rendidos homenaje a una misma vez. Como una mirada Avant-Garde hacia atrás. Como la sintonía de un universo utópico para habitantes de alma sabia y mente curiosa. 

Así suena la psicodelia en mis oídos, haciendo de ella un camaleón sonoro que puede hacerte bailar, llorar o tener una experiencia extracorporal en la que replantearte la existencia de lo que eres y lo que te rodea. O eso dicen algunos. 

Antes de meternos de lleno en el tema, tengo que dejar claro que esta sección, y en concreto esta pieza, están siendo más difíciles de escribir de lo que pensaba. Un ansia por expresar muchas reflexiones se mezcla con una sensación de que ninguna de ellas le hace justicia a la pasión que siento cuando escucho. Poner en palabras sentimientos que resultan tan naturales, y que por lo tanto nunca llego a darles un segundo pensamiento, no es fácil. Pero lo vamos a intentar.

Hay tantos sabores de psicodelia como huellas dactilares en este mundo. Está claro que todo género es simple y llanamente una guía para definir la esencia de un sonido, y que gracias a millones de combinaciones y matices se crean pequeñas ramitas adyacentes al género maestro, pero con la psicodelia esto ocurre especialmente. Hay tantos sabores como huellas dactilares. Hay tantos sabores como mentes. Pero aun habiendo tanto de donde elegir, la esencia siempre acaba siendo la misma. Y en ella es donde reside su magia. 

Desde el rock psicodélico clásico que ahora algunos pretenden manchar llamando Dad Rock (y digo pretenden porque no entiendo por qué eso iba a ser despectivo; si todos los dads tienen el mismo gusto que mi señor padre, no vamos mal) de grupos como The Zombies o Pink Floyd, a la neo-psicodelia jazz con influencias hindúes de Glass Beams. Desde el maestro Hendrix con su distorsión y sus bendings canallas y tardíos, a los japoneses Kikagaku Moyo y sus limpias y brillantes guitarras que son tan sólo una pieza del gran puzzle de instrumentos que crean su obra. Desde los mismísimos The Velvet Underground hasta las promesas nacionales Rufus T. Firefly. Todos y cada uno de ellos comparten corazón. Todos comparten pasión por lo pasado y lo futuro. Todos comparten alma.

Me has conocido en un momento extraño de mi vida está hecha del mismo paño mágico que Purple Haze, porque ambas se hicieron con la misma intención de experimentar para avanzar, alimentada por el máximo respeto hacia los grandes himnos que allanaron el camino. De eso va la psicodelia. De seguir creando un hueco para la experimentación en un sector en el que repetir patrones es el patrón mejor vendido, sin dejar de lado el más profundo respeto por quienes hicieron eso posible. 

Y qué narices, que escuchar psicodelia es una experiencia en sí misma. Pocos géneros tienen el efecto físico que la psicodelia tiene en mí. Y eso que suelo escucharlo sobria. Ese sonido eléctrico que te recorre el cuerpo cuando cierras los ojos y escuchas con gusto, pocos pueden competir con él.

Aquí os dejo algunas recomendaciones de LPs, EPs y sencillos para dejar a la psicodelia hacer su magia: One of These Days (Pink Floyd), Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado (Annie B Sweet y Los Estanques), Kumoyo Island (Kikagaku Moyo), El Largo Mañana (Rufus T. Firefly), Mirage (Glass Beams), Long Way Home – Bad Magic, Sundown Syndrome/Remember Me (Tame Impala), High Visceral, Pt. 2 (The Psychedelic Porn Crumpets) y Disraeli Gears (Cream).

Sobre la autora del artículo:

ANDREA COLINO: Inspirada, apasionada, bastante intensa y aprendiendo a compartir todo ello con el mundo. – @andreaacolino | @andreaacolinoph

Copyright © 2023 Ecos del Vinilo. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin previa autorización del autor.