Así fue su presentación en las Noches del Botánico
[Andrea Colino] @ecosdelvinilo | @andreaacolino
Es la 1:46 de la mañana del 14 de junio, pero no puedo dormir. Y eso que mi cuerpo está prácticamente programado para caer en coma a partir de las 23 (como si llevase una vida difícil). La culpa de mi insomnio la tienen Anni B Sweet y Los Estanques, a quienes he visto tocar en Noches del Botánico hace escasas tres horas, y cuyo concierto me ha agitado de una manera que soy incapaz de digerir. Así que he pensado en procesar el shock a golpe de tecla.
McEnroe
La tarde de hoy, bueno de ayer martes 13, empezó bien. Muy bien de hecho, gracias al meloso concierto de McEnroe. Una actuación de emoción y poder crecientes. Con un comienzo un poco de puntillas, con nervios y cautela debido a la importancia que para este grupo vizcaíno tocar en Noches del Botánico tenía, pero que poco a poco fue cogiendo fuerza cuando los seis músicos empezaron a disfrutar más de su presencia en el escenario. A medida que la hora y cuarto de actuación pasaba, más sonrisas y miradas cómplices circulaban entre ellos y su confianza crecía, aunque siempre manteniendo su actitud humilde y tímida para dejar que la música hablase.

Con una setlist marcada por las canciones olvidadas durante su ya pasada gira de 20 aniversario, McEnroe tocaron un total de catorce temas que nos indujeron en un trance melancólico y esperanzador, y con los que consiguieron que El Sol dejase de esconderse detrás de su madriguera de nubes negras. Prolongadas guitarras de la mano de Gonzalo Eizaga y Jaime Guzmán, disonancias melódicas que cuadraban como un puzzle perfecto, un bajo y batería perfectamente acompasados y presentes (como nos gusta) de la mano de Pablo Isusi y Eduardo Guzmán, un teclado y sintetizador llenando los pocos huecos vacíos y construyendo ladrillo a ladrillo el ambiente idóneo, y la voz deshecha tan característica de Ricardo Lezón nos transportaron.
Destaco la brillante unidad que convivió con la independencia de cada particular sonido durante el concierto de estos veteranos de la hoy manchada escena indie nacional. Este equilibrio de sonoridades es lo que hace de un grupo uno bueno, y McEnroe lo son. Lo son además porque conservan su espíritu desde aquel Mundo Marino sacado en 2008. Con evolución, evidentemente, pero con la misma esencia. Algo refrescante de ver en la actual fábrica de novedades que es la industria musical indie, que paradójicamente ya no es tan indie. Pero eso lo dejamos para otras páginas.

Un concierto para recordar, con un broche final liderado por “Electricidad” y coreado por fieles en grada y pista por igual, después de un viaje catártico por algunos de sus no tan clásicos como Rugen las Flores o Gracia, que hablando desde lo más personal contiene una de las frases más preciosas que he escuchado: “Todo el cielo olía a menta, yo solamente pensaba”. Con ella nos animaban a bailar y se despedían justo antes de tocar la última.
Anni B Sweet Y Los Estanques
Decir que Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado fue creado para escucharlo en directo es quedarse corto. Si el disco en sí ya es bueno, en vivo toma una forma sobrenatural que te engulle y te deja temblando, y si antes no lo tenía claro ahora no hay quien me lo discuta. Los mejores rasgos de los mejores géneros se unen en uno, sin resultar forzado. Tampoco apabullante. Simplemente tiene sentido, y eso han conseguido plasmarlo a la perfección subidos a un escenario, con casi 3500 personas mirando y cámaras de televisión registrando cada movimiento en falso. Aunque las lentes se quedaron con las ganas, porque no podía haber ido mejor.

El espectáculo empezó tras un breve retraso por ajustes técnicos que, en retrospectiva, nos alertaban de la magnitud del acontecimiento: el primer concierto en ser grabado durante esta edición 2023 de Noches del Botánico. Aproximadamente a las 22:35 pisaron el escenario quince misteriosas figuras encapuchadas y vestidas con túnicas de un vibrante color azul. Algunas iban equipadas con instrumentos inesperados: dos trompetas, un trombón, dos cellos, dos violines y una viola. Inhalé con fuerza y asombro, sintiéndome la persona más afortunada del mundo imaginando lo que presenciaríamos esa noche. No me equivocaba.
Estoy segura de que tanto Los Estanques como Anni B Sweet, solos o mano a mano, serían capaces de asombrarnos hasta con una zambomba, pero la fuerza y el aplomo que la sección de viento y cuerda aportaron a la compleja sonoridad de la que, de momento, es su Ópera Magna (hasta que saquen la siguiente) fueron la guinda del pastel. Cuarenta minutos cautivadores, en los que cada músico ahí subido brilló sin ser eclipsado (sorprendentemente) por la perfecta armonía entre Anni e Íñigo, cada uno un titán con su propia personalidad arrolladora al coger un micrófono. Aunque claro, solo si es para cantar, porque para hablar Anni se volvía pequeñita y humilde, después de haber parecido una criatura de otro mundo sin vergüenza alguna y con tal perfecto vibrato que parecía hasta mecánico.

Como un reloj suizo, Andrea Conti nos marcaba los tiempos del género que tocase. ¿Un poquito de jazz en Yo Me Voy de Aquí?, lo clava. ¿Algo más pop con Bla Bla Bla?, tranqui que él puede. ¿El rock de Llévame al Cielo?, buah para él está tirado. ¡Y así con todo! El bueno de Dani Pozo le seguía el ritmo dándole al asunto el groove necesario, ni más ni menos. Bueno más que menos, y se agradeció. Fue un gustazo sentir su presencia gracias a composiciones tan completas, y sobre todo escuchar que sus aportaciones hacían lo que tenían que hacer: sumar. Como en No Te Preocupes. Por su parte, Germán Herrero bordó todos y cada uno de los icónicos solos electrizados y electrizantes del disco, como aquel de tono sucio de esencia setentera sobre el que se asienta Brillabas.
Vocalista, pianista y compositor Íñigo Bregel se marcó todos los acompañamientos al teclado habidos y por haber, con una precisión tan natural como asombrosa. Y todo eso mientras armonizaba con Anni y se ganaba al público. Talento. Y, por último, la luna del escenario. Que no la estrella (porque ella es más discreta, aunque no pueda evitar brillar). La elegante y arrolladora Anni B Sweet quien no solo tiene una voz que abarca octavas y octavas, sino que tiene la capacidad de controlarla de manera precisa a la vez que creativa, además de una presencia inmensa ahí subida.
Y para finalizar, tras dejarnos con la mandíbula desencajada y en el suelo después de tocar Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado en su totalidad y sin interrupciones (como debe ser), esta nueva y prometedora formación que parece un regalo caído del cielo tocaron varias versiones de ambas partes: primero rendiciones de Carne de Cañon y No Hay Vuelta Atrás de Los Estanques, además de una particular y muy personalizada versión de Ïma sÜrÏ dondaÏ de Magma, y tras un breve bis, una muy coreada versión enlazada de Juramento y Buen Viaje de la malagueña. Un final perfecto a un concierto, no tanto redondo como catártico y apoteósico. Se hizo breve, pero intenso. Una experiencia mágica. Gracias. |

Todas las fotos: Andrea Colino
Sobre la autora del artículo:
ANDREA COLINO: Inspirada, apasionada, bastante intensa y aprendiendo a compartir todo ello con el mundo. – @andreaacolino | @andreaacolinoph
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