Sheryl Crow: El ascenso (y alguna caída) en el film Sheryl

Sheryl Crow: El ascenso (y alguna caída) en el film Sheryl

“Va mucho más allá de ser un documental almibarado autorizado por la artista”

[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo | @terethali

El complicado camino a la fama, el impacto que Thursday Night Music Club tuvo en su carrera lanzando a una desconocida Sheryl Crow al éxito mundial, la maternidad, la sombra del cáncer de mama, una colección inagotable de imágenes familiares a las que se une un reguero de testimonios de amigos y familiares, es solo un pequeño resumen de lo que podrán ver en Sheryl, el documental que Amy Scott ha dirigido sobre el ascenso a los cielos y alguna que otra caída en picado de la nativa de Misuri.

Como bien apunta la cinta, Sheryl va mucho más allá de ser un documental almibarado autorizado por la artista. Lo que Amy Scott intenta mostrar son las innumerables piedras que Crow tuvo que sortear de modo implacable como mujer hasta llegar a ser un músico reconocido, en una época compleja en la que ni se vislumbraba el célebre movimiento #MeToo. Para las que sufrimos la adolescencia en los 90, encerradas en un cuarto imitando frente al espejo el modo con el que Sheryl Crow empuñaba la guitarra, este largometraje se convierte en un viaje íntimo en el que nos reconocemos canción a canción y que nos permite ver la auténtica cara de la persona que hay detrás de los éxitos, aunque a Crow no le entusiasme el ejercicio de visionar retrospectivamente sus logros.

Mi camino ha ido a la par del suyo. Siempre intenté escucharla dibujando en mi cabeza sus letras ágiles y marcadamente visuales: la carretera curva, el bulevar de Santa Mónica, las botas gastadas, los decadentes rótulos de neón en Las Vegas, o las playas de Malibú amenizadas por fogatas y botellas de cerveza. El lenguaje de sus versos se dibuja en la memoria, te prepara para entender el variopinto abanico de personajes que Sheryl Crow despliega magistralmente ante ti sin escatimar detalles. A algunos me los imaginaba caminando bajo un cielo gris, a otros, hundidos y polvorientos transitando por una carretera cualquiera de la América profunda.

Key Art for SHERYL. Credit: SHOWTIME

Todos tenían algo que contar y una pieza suelta que no logran que encaje con el resto; tras ver el documental, compruebo que todos tienen el empuje de su creadora: aún hundidos, se sienten tremendamente vivos. Como Sheryl Crow,los personajes que pueblan sus canciones, están muy arriba o besando el suelo.

Probablemente el éxito que trajo consigo All I Wanna Do fuera demasiado grande, quizás fuera demasiado bullicioso también y lo pagó caro, pero fue el inicio de una carrera tremendamente humana a la que podemos perdonarle cualquier tropiezo. Sherylda fe de una carrera imperfecta, sí, pero entre premios Grammys, escenarios y heridas sangrantes, seguían brotando las canciones, estaban ahí como un cálido refugio. Entre disco y disco ha vivido cosas indescriptibles, que sabemos, ha intentado plasmar con la mayor fidelidad posible en un pentagrama. 

Personalmente echo de menos más detalles sobre la gestación de sus discos, creo que el documental ahonda más en baches y glorias que en rendir tributo a una de las mejores discografías de rock americano, o como bien dice Laura Dern: en rendir tributo a la ”voz de una generación”. Más allá de episodios morbosos de acoso, el documental provoca muchos sentimientos, entre ellos el de la reflexión acerca del poder y la discriminación laboral a la que las mujeres se ven sometidas cuando cumplen cierta edad. Podrá gustarnos más o menos el enfoque que Scott da de la carrera de Crow, pero no podemos negarle el gusto y respeto con el que liga testimonios e imágenes, como las de una Sherylde gira abducida por sus guitarras y público. Aquí están todas las aristas de la intérprete: la corista de Michael Jackson, la estrella de los 90, la que celebraba fiestas de fin de año multitudinarias en su casa, la hija que llama pidiendo auxilio a sus padres presa de  una depresión, la madre, la colega y la compositora que ha decidido dejar de publicar discos. Yo me quedo con esta última. Me encanta su forma de mirar a la cámara, de frente, sin taparse los oídos cuando una pregunta resulta impertinente. Me gusta esta Crowartesana. Siempre al servicio de la música, alerta, activa, dispuesta a atrapar la inspiración en cualquier lugar. La que dice tener más vidas que un gato.

Sobre la autora del artículo:

TERESA CERÓN LÓPEZ: Arqueóloga y melómana.  Es la pluma fina y el verbo exacto, con Lezón y Rosenvinge en el corazón. Es parte fundamental de Ecos del Vinilo desde el big-bang. – @terethali

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