Crítica | Santero y los Muchachos: Alcen las copas y escuchen, es una orden

Crítica | Santero y los Muchachos: Alcen las copas y escuchen, es una orden

 


[Guillermo Rodero Larraz] @ecosdelvinilo  

Tras más de un año terrible y para el cual no estábamos preparados, se avecinaba otro verano extraño y que no sabíamos lo que nos iba a deparar. Sin embargo, dentro de la rareza de la situación y de tener que ir por ahí con pies de plomo y afinando los sentidos, no ha ido tan mal. Y puedo afirmar esto porque el verano de 2021 está dando sus últimos coletazos y, mientras la bestia agoniza, debemos analizar la música que haya visto la luz en los meses estivales.

Uno de los discos que salió este verano, pertenece a una banda de la que me considero fan absoluto e irracional, Santero y los Muchachos, y responde al nombre de Cantina. Un título que le viene como anillo al dedo en cuanto uno empieza con su escucha. Pero antes de entrar en detalles, una pequeña introducción.

Aunque nacido el pasado 16 de julio de 2021, ya pudimos ver algunas canciones adelantadas los afortunados y las afortunadas que vimos a la banda valenciana telonear a Quique González en las Noches del Botánico el día 15. Cargados de un espíritu veraniego característico y con unas melodías vocales que son una absoluta delicia, pusieron todos los elementos necesarios para crear un ambiente festivo, agradable y disfrutón. Básicamente, lo que es este disco. Hecha la introducción, a pinchar música.

Como ya he dicho, Cantina es un bar hecho disco. Una reunión de amigos de ocho canciones y algo más de media hora. Una mesa en la que cabe todo, desde la más absoluta felicidad hasta la nostalgia más dolorosa, pasando por el aquí y el ahora. La primera canción, Qué voy a hacer, posee un teclado inicial que ya se vuelve pegadizo en los primeros segundos. Una llamada a la indecisión y a la encrucijada: “¿Qué voy a hacer si tú te vas?, ¿Qué voy a hacer si tú no estás?”. Además, os aseguro que el videoclip es un disfrute, lleno de alcohol, camaradería y verano.

En segundo lugar, aunque plata no parece, tenemos Carretera de El Saler. Yo, que sólo he estado un año en Valencia he llegado a sentir nostalgia, así que no puedo imaginarme a alguien de la terreta que escuche esa guitarra arrastrada, esos trastes marcados y esa historia sobre la conducción responsable. Un tour turístico no sólo por el ecosistema valenciano sino por la memoria y los primeros amores. Una maravilla, vamos. Con Brindis Escoba, Santero y los Muchachos demuestran que lo del rock reposado va muy en serio. Se puede hablar sobre una banda que suene como si se estuviese cantando y se puede hacer de lujo. Una road song en toda regla.

Anochece en la bahía y los ánimos se van calmando. Carta de un admirador tiene una suavidad y un sentimiento propia de algo parecido a un bolero. Caen las primeras copas y la gente se arrejunta junto a la hoguera. Estamos a gusto, no hay nada que enturbie el momento. El tiempo que nos queda es el no querer irse, el aguantar hasta el final. Poco puede ser muchísimo, más que suficiente. “Tengo mi sitio en la arena y un banco de peces”. Muchas veces no hace falta nada más, como ya escribió Luis García Montero: “…el último dogma del abrazo, mi única razón, mi patrimonio”.

Pero, como siempre, lo mejor para el final. Cantina no es sólo un disco (si lo fuese sería uno exquisito), sino que es la primera mitad de un trabajo que se llamará Royal Cantina. En ese total, habrá estudio (Cantina fue grabado con medios menos profesionales) y habrá electricidad, algo que no se hecha de menos en este trabajo. No sé cuándo saldrá, pero todo trabajo de Santero y los Muchachos suena a reunión que, en el fondo, es para lo que estamos aquí.

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