[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo
MKMK es el disco que necesitábamos, el elixir para estos raros aires postapocalípticos. El rock salva y Maika Makovski se ha subido al barco de nuestros sonidos originarios, de esos que nos hacían apretar los puños y sentirnos trascendentes siendo teenagers inseguros. MKMK, según su autora, fue creado para ser tocado a veinte centímetros de la gente y afirmo, sin dudas, que la distancia es aun más corta.
Este es un trabajo donde menos a sido más: menos pensar y más sentir, menos contención y más celebración. Makovski apuesta por la belleza en todas sus formas, porque el amor indestructible clamado con poderío de Love You Til I Die, la melancólica travesía transcontinental por las emociones de The Places Where We Used to Sit, el pulso ferroviario indetenible de Reaching Out To You y el canto MM (marcial y magnético) de la fiera I Live In A Boat, todo, es la fiel representación de la belleza.
MKMK es un trabajo de rock directo, de cero artificios, de aisladas pinceladas de folk y un encubierto manto de gospel. Aquí no encontraremos concesiones a la meretriz babilónica del puto y frío marketing. Maika hizo lo que le dio la gana (¡así se hace!) y he ahí, en la combustión espontánea, donde surge la chispa que nos hace patear el suelo y dejarnos la garganta con un estribillo.
Ese espíritu comunal de canto tribal que llena las concavidades de MKMK nunca ha dejado de habitar en nuestros instintos de primates y ahora vuelve a brotar por los poros con estas once canciones que no sólo son las mejores en la carrera de su autora: Son también los smiling hits de nuestra espera por tiempos mejores tras la peste que nos alienó. Dylan habló en algún momento de aquel “sonido fino de mercurio salvaje” de su Blonde On Blonde. Pues aquí, amigos, en este gran disco, tenemos otro sonido fino de mercurio salvaje.
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