“¿Qué le entraría a Bob Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel Molina cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico”
[Azul Escolar] @ecosdelvinilo
“No se trata de hacer «flamenco pop» ni «blues aflamencados», sino de corromperse por derecho, y sólo puede corromperse uno por el palo de la belleza… La diversión no es el cachondeo, sino la bronca que te pega la belleza. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego del Gastor a la guitarra y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo compás. Y dile a Bob Dylan que cante sus canciones. ¿Qué le entraría a Bob Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel Molina cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico: Aunque digan lo contrario, / yo sé bien que esto es la guerra, / puñalaítas de muerte / me darían si pudieran”. Manifiesto de lo borde (1969).
Smash es, posiblemente, una de las bandas más injustamente desconocidas de la paleta musical de la historia española. Este conjunto gaditano, con menos de 6000 escuchas mensuales en Spotify y sólo un álbum disponible (de los dos que sacaron) es una joya que pasa desapercibida, muy denostada entre los que son conocedores de su existencia, y con la deliciosa capacidad de sorprender a cualquiera que se atreva a prestarles un oído y un ratito de su tiempo.
Pero vamos al grano.
Smash se funda en el año 1968, en Cádiz, y se mantiene activa apenas un lustro, hasta 1973. Lo funda Gualberto Garcia después de la ruptura de su anterior banda, Gong, junto con Julio Matito y Antonio Rodríguez. La formación original la completa Henrik Michael, un guitarrista hippie danés llegado a España atraído por el interés en el flamenco. Juntos graban dos álbumes de rock psicodélico: “Glorieta de los lotos” y “We come to smash this time”, con los cuales se consagran como “padres” del rock Andaluz. Influenciados por sus raíces flamencas y la cada vez más creciente llegada de música del otro lado del charco, ambos álbumes presentan letras que nos evocan a los rockanroles más clásicos estadounidenses, con una gran presencia de bajos bien blueseros, pero todo moviéndose con ritmos arraigados en las tripas de su querida Andalucía. Sin embargo, no haremos hincapié en estos dos álbumes, sino en la última etapa del grupo y los singles que en esta mostraron:
A finales de 1971, se producen dos últimas incorporaciones a la banda: Manuel Molina -guitarrista flamenco proveniente de familia de músicos-, y Manuel De los Santos Pastor (conocido como “Agujetas”, título heredado de su padre), este último al cante. Con el grupo ya en declive y pronto a disolverse, publicaron una serie de singles en los cuales fusionaban el rock, el blues, la psicodelia y el flamenco de forma magistral.
El primero de estos singles fue “El Garrotin”, una mezcla de rock n’ roll clásico montada sobre la base del palo flamenco del que toma su nombre, cuya introducción y primeros versos nos evocan a los primeros álbumes de los Beatles, los Turtles o Terry Reid, para en el minuto 0.50 entrar con el cante flamenco de textura más pura y profunda, en perfecto acento andaluz. La misma fórmula la vemos repetida en “Tangos de Ketama” y “Ni recuerdo, ni Olvido”, en las cuales un bajo al más puro estilo americano se mezcla con solos de guitarra distorsionados y una guitarra líder completamente acústica -clásica-, con ritmos de flamenco, haciéndole un increíble colchón a unos coros que tan pronto te cantan “listen to me, look out!” con armonías beatlerianas, como te cuenta que “se me parte el ‘corasón’” en el gaditano más gitano. “Tarantos” es quizá el más psicodélico de estos singles, añadiéndole a la mezcla violines, cascabeles, y voces arrastradas propias de este género (casi nos recuerda a los Troggs o Jefferson Airplane, pero más suave y con guitarras flamencas). Por último, cabe destacar el single “Alameda’s Blues”, una pieza en la que el ritmo más clásico de blues se mezcla de forma magistral con el guitarreo y cantes flamenco: toda una delicia para aquellos que busquen algo diferente y exótico, con remanentes de lo más clásico.
Por todo esto, Smash es un grupo más que recomendable. Son padres del rock andaluz, pioneros en la fusión del flamenco con otros géneros (chúpate esa, Rosalía) y como poco, una experiencia auditiva que a nadie dejaría indiferente. Así que desde Ecos del Vinilo, os animamos a darles una oportunidad y contarnos que os han parecido.
(Gracias por la inestimable opinión de Lucas Tuya en el desarrollo de este artículo, su visión de acérrimo seguidor ha aportado incontables matices y sensaciones a esta redacción).
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