Retornamos al cancionero del disco Hail To The Thief
[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo
Radiohead: una banda atípica. Plagada de verdaderos creadores. Lobos que rondan las puertas de la vanguardia sin caer nunca en el aburrimiento. Thom Yorke decidió en su sexto asalto al mercado discográfico, Hail to the Thief, arrebatarnos con algunas de sus letras más agresivas en su disco de mayor duración hasta ese momento (2003).
Hail to the Thief se convirtió en su álbum más orgánico. Huyendo de la experimentación de Kid A y Amnesiac, el grupo se planteó el regreso a las guitarras, por supuesto comprendiendo lo que eso significa en Radiohead: acordes imposibles y excéntricos, tempos irregulares y búsquedas sonoras en cada detalle.
La mayoría de los elementos electrónicos fueron grabados en vivo en el estudio. El genio multi-instrumentista Jonny Greenwood usó el lenguaje de programación musical Max para manipular la interpretación de la banda: Con esta programación procesó el sonido de su guitarra en Go To Sleep, creando un efecto aleatorio. Se valió de sintetizadores modulares y las ondas Martenot (un instrumento electrónico similar a un theremin).
La banda intentó trabajar de una forma expedita y sobre todo espontánea, sin caer en un exceso de “over-thinking”. Sobre esto comentaría Jonny Greenwood: «Realmente no tuvimos tiempo de estresarnos por lo que hicimos. Llegamos al final de la segunda semana antes de que escucháramos lo que hicimos los primeros dos días, y ni siquiera recordamos haberlo grabado o quién tocaba qué partes”.
Thom Yorke declaró en una entrevista en 2003: “Estaba escuchando muchos programas políticos en la Radio 4 de la BBC. Me encontré a mí mismo, durante la fiebre de la cafeína por la mañana, mientras estaba en la cocina dándole el desayuno a mi hijo, escribiendo pequeñas frases sin sentido, esos eufemismos orwellianos de los que [ los gobiernos británico y estadounidense] son tan aficionados. Se convirtieron en el fondo del disco. El contexto emocional de esas palabras había sido eliminado. Lo que estaba haciendo era robarlo y traerlo de regreso”.
2+2=5. (The Lukewarm) y Sit Down. Stand Up. (Snakes & Ladders) abren el disco con toda una declaración de principios. Intensas y afiladas. Más eléctrica la primera, más electrónica la segunda. La joya sin duda es Sail to the Moon (Brush The Cobwebs Out Of The Sky), una maravilla delicada y moribunda. Go to Sleep. (Little Man Being Erased) presenta un trabajo de guitarra acústica y riffs de bajo realmente notables (los Greenwood Bros. como siempre sobresalientes). We Suck Young Blood (Your Time is Up) es la melancolía en su estado más primario. Un piano desgarrado, polvoriento y una voz que es más un lamento que un canto. There There (The Boney King of Nowhere) fue lanzado como uno de los singles del disco. Tiene un formato Radiohead clásico. Es redonda, robusta y llena de vida. Lo más destacado se completa con el tema I Will. (No Man’s Land), en el cual una amalgama celestial de voces nos llevan a cotas pocas veces alcanzadas.
Originalmente, Hail to the Thief fue creado pensando en las canciones de la primera época de The Beatles. Cortas, concisas, de no más de 3 minutos y adiós. A nivel lírico, el álbum fue tachado de «político» por su título y letras. George Orwell, Dante, la guerra de Afganistán y el clima bélico generalizado de la era Bush se convirtieron en catalizadores para sus contenidos. Polémicas aparte, el disco debutó en el número 1 en UK y en el 3 en US. Hail to the Thief recibió críticas tibias, considerándose que no era su trabajo más inspirado. El tiempo se ha encargado de poner en el lugar que merece a uno de los grandes discos de su tiempo. Reflejo de un época tumultuosa, cambiante; donde hasta los lobos parecen corderos, viendo todo lo que ronda fuera de las fronteras seguras y bucólicas de lo comercial.
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