Crónica | Messura: Del barro al éxtasis

Crónica | Messura: Del barro al éxtasis
Les relatamos su concierto en la Sala Cadillac Solitario de Madrid del 7 de febrero 



[Azul Escolar] @ecosdelvinilo 

Cadillac Solitario es esa sala de conciertos que está a 10 minutos de Moncloa en coche y a 47 en transporte público. Es la sala que eligió Messura para tocar por segunda vez en Madrid, el pasado 7 de febrero, para traer su último trabajo de estudio “Animal” a la capital. 

Para muchas personas sin vehículo propio resulta complicado llegar hasta allí, por esta razón, cualquiera que haya visitado esta sala sabe que no es sencillo hacer un sold out frente la gran oferta musical que hay en pleno centro todas las noches. Los chicos de Messura hicieron que pareciese sencillo. 

Para quien no les conozca, Messura es una banda mestiza de La Rioja y Navarra, compuesta por cuatro profesores de música. Ellos son Diego, Germán, Joselu y David y su estilo es algo así como indie-rock orgánico y desde la raíz; suena actual y desenfadado, y encaja con ese panorama de festivales que estamos viviendo, pero también con el de los circuitos de salas de ciudad que nos resistimos a dejar atrás (afortunadamente). 


Al entrar en la sala nos encontramos con un público mixto, de varias edades y procedencias. Algunos disfrutaban del último bis del grupo que abría, pero tenían la mosca detrás de la oreja y se sentían impacientes de ver a Messura, que dejó a algunos de sus seguidores madrileños con la miel en los labios después de su primer sold out en la Sala Juglar, en noviembre del año pasado, hace menos de cinco meses. 

El concierto empezó con normalidad, unas palabras breves que precedían a su primer tema, que sirve mejor de presentación y un público receptivo y acogedor, que se sabía sus letras. Enfrentándose a las numerosas dificultades técnicas que pueden aparecer en un directo, demostraron callo y soltura, arreglando un amplificador que dejó de sonar de repente sin frenar o vacilar en la canción que ya había empezado, cambiando cables y aceptando la ayuda de uno de los trabajadores de la sala, que miraba desde una esquina del escenario e intentaba minimizar el fallo a toda velocidad. Nos dimos cuenta de esto porque estábamos en primera fila, claro, de la tercera para atrás, viendo a Diego sumergido en el tema y al resto de compañeros que no dudaban ni un instante, cualquiera que saliese del baño o se hubiese despistado un poco en ese momento no vería ningún problema. 

Una vez arreglado ese pequeño fallo técnico todo fue sobre ruedas, el público coreaba Animal con los brazos en alto, se acercaban emocionados al escenario en pelotón y retrocedían prudentemente justo antes de subirse y comerse a los músicos en cada estribillo, y gritaban “¡Messura!” esporádicamente. 

Entre ellos destaca su complicidad, cómo se complementan y apoyan, interactúan entre ellos y el público y aún así cada uno proyecta una gran personalidad. David a la guitarra nunca deja de sonreír, Diego baja la barbilla y mira al público directamente cada vez que se acerca al micro, Joselu te transmite esa sensación de estar en una gran fiesta, como si no estuviese aporreando una batería, con cara de tranquilidad, y Germán, a parte de sus quiebros y la complicidad con Joselu, lleva unas gafas peculiares y tiene el pelo rizado y claro, llama la atención, aunque no lo intente. 


A mitad del concierto, cuando ya han quedado atrás las dificultades y el corazón de la Cadillac se agita esperando esa subida hacia un gran final que te deja emocionado después de un buen bolo, Diego se acerca al micrófono: “Hemos salido del barro, hemos crecido en el barro y con los pocos o muchos recursos que tenemos, hemos venido a dejarnos la piel”. Los gritos y la batería empiezan a la vez, y Messura nos da exactamente lo que queríamos. 

Salimos conociendo matices de Animales que no podríamos haber apreciado en la grabación, aunque estén ahí; una Cadillac Solitario nueva y un público entregado y agradecido. 

Messura tiene mucho que decir y mucho que demostrar, con los pies en el suelo. Os aconsejo, si queréis escuchar música hecha por músicos con la ilusión y la fuerza de un wannabe, que vayáis a verlos a la sala Costello el 18 de abril. 

Fotos: Azul Escolar







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