“Igor lleva media vida subido a las tablas; al verlo actuar en distancias tan cortas, una entiende que Loquillo lo captara para las filas de su ejército”
[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo | @terethali
En el escenario de La Yesería se ven instrumentos acústicos. Pertenecen a Antonio Madrid, Albert Monreal y Juan García de Maya, conocido por muchos de nosotros por haber acompañado a Los Rebeldes en la batería durante los últimos tiempos. Los tres han dado vida a un proyecto propio “Antonio Madrid y Albert Monreal Duo” que han venido a defender con la solvencia que otorgan las tablas que poseen.
Dentro del local no hay lugar para el frío; nos sentimos como en casa, con esa bonita sensación de intimidad que proporcionan las buenas canciones. La banda toma posiciones, e instrumentos en mano, harán crecer siete canciones inolvidables.
El primer trallazo se titula Carrusel, y ante un público atento y respetuoso, demostrarán que lo que hacen se llama rock aderezado con pinceladas del mejor folk americano. Con una naturalidad digna de elogio, dan paso a Mi Rock And Roll haciendo gala de armonía vocal y de arreglos instrumentales perfectos. Son puro disfrute sobre el escenario; a Albert se le nota al acariciar su guitarra en Nuevo Mundo. Les sale natural. Se palpa en el ambiente que para Antonio y compañía, la música es un vehículo de expresión muy importante.
Defendieron con ahínco Doce, una canción que en palabras del propio autor, sufrió varias transformaciones desde su nacimiento. Dando rienda suelta a la energía que llevan dentro, rescataron Blues, magia musicada que sirvió de homenaje al mítico grupo Sentada Acústica.
Manejan el rocanrol y el ritmo en escena es envidiable; no se nota si están nerviosos, no cuando exhiben una impoluta versión de You Devil You con la que nos encadenan, nos anudan con maña a su melodía antes de sorprendernos con el último tiro: Madamme de los Babylon Chat con la que el tiempo volará y nos dibujará una enorme sonrisa; con ella en la boca, recibiremos al asturiano Igor Paskual, que salta al escenario cual león enjaulado, con el firme propósito de hacernos descargar adrenalina. Igor lleva media vida subido a las tablas; al verlo actuar en distancias tan cortas, una entiende que Loquillo lo captara para las filas de su ejército. El Loco tiene un ojo infalible para detectar músicos honestos, con propuestas interesantes por inteligentes y arriesgadas como la de Paskual, que siempre supo lo que quería hacer como solista; lo tenía tan claro como que no encajaba con la banda del Loco, ni con sus amados Babylon.
En La Yesería, rompe el hielo acompañado por Ángel Miguel a la guitarra y nos brindan “Cansado de la vida”, un pequeño diamante que hoy sonará acústica y que entra directa como una bala; pertenece a su último disco La Pasión Según Igor Paskual, la enlazará a “Pasos de baile”con una sensualidad al ejecutarla, que ya le hubiera gustado al mismísimo Bowie. A continuación, nos invitará a caer en las redes de una mujer fatal, sensual y tan encantadora de serpientes, que será imposible olvidarla en “Chica de gama alta”, de su álbum Equilibrio Inestable.
Aunque el público está entregado, él se empeña en integrarlos más a su particular fiesta y antes de dar paso a “Tu y Yo”, hace una breve broma en la que nos presentará a la banda invisible que ha venido a arroparlo en Murcia. Una banda compuesta por santos y beatos cuya estrella bien podría ser San Pedro a la batería. Los allí presentes seguimos su broma de manera inenarrable mientras suenan los primeros acordes de “Napalm” donde despliega su destreza compartiendo emociones. Probablemente, no estemos ante el mejor cantante de este país, pero la voz de Igor Paskual emociona como pocas, así que se le perdona todo.
En “Cristo de los mineros” hay algún problema de afinación con la guitarra que Igor solventa con desparpajo apoyado en su escudero. Juntos suenan tan bien, que parecen haber hecho brujería con la canción en un instante; Ángel Miguel pinta acordes y se inventa melodías tan perfectas, que no echamos de menos una gran banda. Esta noche, apuestan por esa artesanía en las canciones que tanto les gusta. De hecho, el repertorio de Paskual, se sustentará con sencillez y con la maestría que ambos poseen con la acústica.
Con su séptima bala “Alborada”, se nos irán los pies y la cabeza. El, nos mirará fijamente, dejándonos la sensación de que su obra como solista será longeva. Igor es libre, anoche nos lo demostró con expresión eléctrica mientras se fogueaba “Hazlo tú “ entre versos que hablaban de intimidad y jurisprudencia.
“Nuevo Bautismo” fue muy bien recibida. Ya en sus primeras estrofas, el público la coreaba mientras su autor explicaba que era su oda particular al mar, y a esas olas que lo tumban cuando intenta sin éxito surfear. Nos contaba y nos cantaba, mientras los coros de Ángel nos emocionaban, dando pie a que Antonio Madrid volviera a subirse al escenario para compartir con ellos la acústica “Bebemos”. Fueron puro disfrute; deambulan por su propia senda y eso les une mucho. Si queremos encontrarlos, les veremos apostados al otro lado del camino. Al margen de industrias y tendencias superfluas.
“¿Cuántos pensáis que tenéis mala suerte?”, preguntará al público para dar paso a la flamante “Con la suerte de nuestro lado”, antesala de “El peor novio del mundo”, que esta noche será interpretada con pose teatralizada para preparar nuestro cuerpo a la siguiente estocada titulada “Casanova”. Empuñando su guitarra, Igor es testigo del fervor de la sala. Los allí presentes, se niegan a buscar banquetas para sentarse así que parando un poco el motor, confiesa que compuso “Mi Waterloo” para Loquillo, pero este la descartó. Esta noche, se anima a cantarla envalentonado por un largo aplauso.
El tiempo vuela e Igor, ataviado con camisa y pantalón vaquero, nos intenta decir adiós con “Tierra Firme”, pero no lo permitimos; así que Ángel agarra la mandolina, y juntos homenajean a David Bowie con una brillante versión de “Heroes” porque confiesan echarlo mucho de menos. “Camas ajenas” e “Inmortal” servirán como broche de oro a una noche en la que el rock nos arrastró gracias al talento de Igor Paskual.
Fotos y videos: Teresa Cerón López
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