“Trataban temas de incertidumbre, miedo al futuro y al cambio, y sobre todo al final de un capitulo que, por lo menos en el momento, era todo lo que los miembros de la banda conocían”
[Daniel Cortorreal] @ecosdelvinilo
El año es 1999. Steve Lamos, Mike Kinsella, y Steve Holmes son simples universitarios de último año en Urbana, Illinois. Llevan menos de un año tocando juntos de manera informal; Kinsella toca con la guitarra prestada de su compañero de habitación. Los tres chicos sentados en un dormitorio universitario, esto era American Football. American Football es sin duda un caso curioso en la historia del indie rock. Grabado en su último año de universidad, el EP auto titulado, American Football (1999) se suponía que fuera simplemente una forma de recordar su año antes de entrar a “la vida real”, y ni siquiera pretendían grabarlo hasta que su amigo, Matt Lunsford (el fundador de Polyvinyl Records) los convenció. Increíblemente, una coincidencia tras otra llevo a un álbum que desafió lo que era el Rock estereotípico de los 90, y que paso desapercibido por años antes de volverse un clásico de culto.
Instrumentalmente, el álbum es una joya de experimentación y combinación de géneros. Mike Kinsella (voz, guitarra y bajo) escuchaba rock lento y triste. Nombres como Nick Drake, The Smiths, eran sus influencias. Steve Lamos (batería y trompeta) escuchaba Jazz; era fanático de actos como Weather Report y Miles Davis. Steve Holmes (guitarra y wurlitzer) mientras tanto, tenía un gusto más peculiar, obsesionándose con compositores minimalistas, especialmente Steve Reich. American Football (1999), viene siendo una combinación de todos estos diferentes géneros, balanceados por una simbiosis instrumental que recae en la diferencia del tempo de cada instrumento. Por un lado, la relación de las dos guitarras se basa en que no se distinga el hecho de que son dos instrumentos, el tempo de una relevando los descansos de la otra. Temas como Never Meant, Honestly, y Stay Home aprovechan al máximo el elemento de las dos guitarras, creando melodías que de alguna manera logran ser complejas y simples a la misma vez Además de esto, la batería de jazz de Holmes crea unos cambios de tiempo que totalmente transforman cada canción de un segundo a otro.
El aspecto conceptual y lírico del álbum le hace homenaje al post-hardcore y emo rock que era popular en Illinois a finales de los noventa, tratando temas de incertidumbre, miedo al futuro y al cambio, y sobre todo a el final de un capitulo que, por lo menos en el momento, era todo lo que los miembros de la banda conocían. Temas como But The Regrets Are Killing Me y I’ll See You When We’re Both Not So Emotional, son protagonizadas por líricas emocionales y honestas tratando temas de incertidumbre hacía el futuro y el fin de una etapa importante. Por otro lado, canciones como The Summer Ends, For Sure, y The One With The Wurlitzer transmiten una nostalgia sutil y extraña, como un anhelo por una época que uno como oyente no necesariamente vivió. La magia de este álbum esta en el hecho de que cada instrumento va por su propio camino, pero por alguna razón se siente una armonía extrema y radical.
La banda se separo inmediatamente luego de terminar las grabaciones del álbum, y cada uno se fue por su lado a su vida normal. Steve Lamos se volvió profesor de universidad, Steve Holmes llegó a ser vicepresidente de una empresa de nómina, y Kinsella siguió haciendo música independientemente. Sin embargo, poco a poco el álbum que los chicos universitarios grabaron fue volviéndose un rito de paso para todo fanático del indie rock y del Math Rock Americano. Desde el 1999 hasta el 2014, American Football no existía mas que en el recuerdo de sus miembros y la imaginación de sus fans, hasta que la banda decidió reintegrarse al ver que su “experimento” había desarrollado toda una mitología luego que un estudiante reconoció a Lamos mientras este le daba una clase en la Universidad de Colorado. No obstante, el genio de su primer álbum no recae en su mitología, ni en su historia sórdida. La magia de American Football recae en el hecho de que tres chavales de 20 y 21 años lograron crear un álbum que posee una originalidad musical que le ha permitido trascender las décadas y las diferentes etapas que la industria ha pasado. La magia recae en que aun hoy, al igual que en el 1999 en Urbana, Illinois; American Football tiene una genialidad instrumental y una temática lírica a la que todos se pueden relacionar.
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