La Pasión según Igor Paskual

“Un puñado de buenas canciones con efecto narcotizante que se mueven de manera sutil en pequeños círculos”



[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo

“Mi vida, yo te qui…/ yo te quise, veleidoso/ mi vida, creyéndolo…/ creyéndote, lisonjero/ mi vida, se me par…/ se me parte el corazón/ mi vida, del verte…/ del verte tan embustero”.

¿Hay alguna manera de versionar tan magistrales versos de Violeta Parra?. Hay una. Al menos, una diferente que arroja una imagen distinta de El Gavilán, una composición de Parra que Igor Paskual convierte en una especie de rompecabezas de nueve minutos en su último disco, La Pasión Según Igor Paskual. A nosotros nos engancha, y por qué no decirlo, nos sorprende para bien como cierre de un disco, como poco, excepcional.

Paskual ha parido un elepé redondo comandado por once canciones muy bien seleccionadas; pensadas para acelerar nuestras pulsaciones a base de textos inteligentísimos sólo aptos para mentes inquietas y renacentistas, como la del propio Igor acostumbrado a descifrar e interpretar cada palabra que escribe.

Su “pasión “ es simple: Un puñado de buenas canciones con efecto narcotizante que se mueven de manera sutil en pequeños círculos que van apoderándose del oyente sin apenas esfuerzo, te arrastran por un sueño de altos y bajos. De amor, de crispación, de pena, y de fe en bucle, porque no es este un disco triste. Al contrario. La Pasión Según Igor Paskual es un sueño de paz aunque el camino sea incierto. Y dicho esto, habría que destacar lo bonitas que lucen letras como “Con La Suerte De Nuestro Lado”, o “Nuevo Bautismo” vestidas de esperanza. La esperanza de un tipo con una poética singular que ha permitido que sus nuevas canciones vuelen, que rueden por sí mismas, que se alejen del nido si eso supone  un regreso sorprendente. Escuchen “Waterloo “, escuchen “Cansado De La Vida” y comprobarán lo que les decimos. En ellas, Igor se mueve del centro de la escena, invierte los roles para que los coros sean los protagonistas, y encima, transmiten emoción. La misma que emanan todas las notas musicales  impecablemente producidas con mimo.

A los amantes del punk, se les sirve doble ración en “Dios Es Colombiano “. Aquí, el autor escupe con cólera; tanta que da la sensación de querer salir de estampida escapando de las entretelas de una guitarra absolutamente inquietante. Su voz en “Nuestra Señora De La Consolación-Hazlo tú “, es tan delicada como mundana. Es un tema potente, poseedor de una mística muy particular llegando a resultar tan cálido como inmediato. 

Quizás una de las joyas del cancionero sea “Ratas”; este tema nos muestra a un Igor Paskual sin ánimo de contención, trotando por el lado oscuro de la sociedad, fotografiando rostros y cuerpos rotos antes de que el muro se quiebre por la mitad. Cómo se le agradece al asturiano sus pocas ganas de constreñirse en el concepto, su necesidad de clavar el diente donde más duele con el fin de hacernos reaccionar, si no nos creen, analicen la inquietante letra de “Maquiavelo iba en serio”. El narrador nos da una buena bofetada en la cara, pero lo hace con tanto arte que casi no duele; hay que conocer bien el castellano, y sus efectos, para poder hacer lo que hace Paskual sin herir susceptibilidades . De quitarse el sombrero, señores. Se nota que sólo han pasado la criba sus mejores letras, las que aquí presenta, porque emocionan y calientan en noches de soledad. No pasen por alto “Inmortal”, un pequeño viaje hasta la raíz del alma de este músico camaleónico y versátil. Su coro es una delicia que pide una y otra vez la salvación del alma a través de esa inmortalidad tanto hemos imaginado todos, o su «Cristo De Los Mineros», pura inteligencia. Brillantez, y un  zasca, que va directo al corazón.

Es imposible no empaparse de la liturgia que proyecta este elepé. De su carne. Del alma que arrojan las letras, y del talento tocado por la mano de Dios de Igor Paskual.








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