Fue parte de Cream, donde cimentó su leyenda como uno de los grandes bateristas de la historia
[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo
Hasta que regresamos a los crespones negros para el rock. Ginger Baker, baterista fundamental de la historia de la música, ha fallecido a los 80 años en Inglaterra, algo que se veía venir por los anuncios de sus familiares desde que fue hospitalizado el pasado 25 de septiembre en estado grave. Se dijo en el comunicado que “falleció en paz”.
Su muerte nos deja a Eric Clapton como el único superviviente del gran supergrupo de todos los tiempos: Cream. Este power trío surgió casi como un accidente controlado. Robert Stigwood tenía claro que quería a Clapton, quien a su vez quería a Ginger en la banda pero con una condición: Jack Bruce, Némesis de Baker debía participar sí o sí. El resto es historia.
Ginger Baker venía de la escena jazz y como tal arrastraba no solo una destreza percusiva digna de un maestro, además del salvaje uso del doble bombo, sino también el lado oscuro de la heroína, vicio que sería un lastre importante en su vida.
Las eternas peleas de Baker y Bruce, además de una creciente incomunicación en general, llevaron a Cream a desaparecer en 1968. Sin embargo Baker se las apañaría para entrar en el proyecto de Clapton y Winwood, Blind Faith. Tras la efímera vida del grupo, Baker tiraría por derroteros menos comerciales, música africana y una creciente fama de genio mal humorado.
Su estilo de batería ha influido a generaciones completas de bateristas, y es considerado por muchos, junto con John Bonham, como el mejor baterista rock de todos los tiempos. Hoy Toad debe sonar fuerte y vibrante en aquel lugar a donde haya digo el espíritu volcánico de Ginger Baker. Que su redoble final no termine aquí.
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