Enrique Bunbury y Gustavo Cerati: Lo que une el tiempo y el sonido

“Malditas antípodas y benditas coincidencias por dos vidas artísticas que han enriquecido a generaciones que se expresan en castellano” 



[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo

Este 11 de agosto cumplió 52 años Enrique Bunbury y habría llegado a los 60 años Gustavo Cerati. Dos artistas que se encontraron en muchas más circunstancias e hitos que en su natalicio. Cada uno diferente en sus registros y en sus devenires, pero unidos en el giratorio espectro del frontman generacional que brotó del árbol de la banda madre.

En plano profesional Bunbury y Cerati solo coincidieron en un concierto, de más de 4 horas, en el Parque Fundidora de Monterrey en noviembre de 2004. Abrió Enrique con Señorita Hermafrodita, Extranjero, De Mayor, Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, Infinito, Lady Blue, El Jinete y La Chispa Adecuada entre otros temas. Gustavo, antes de iniciar su set, agradecía junto con el maño al público por su asistencia, para luego arrancar con Tu Locura, dejando en el aire interpretaciones de Amo Dejarte Así, Rombos, El Rito y Cosas Imposibles. 

Dicho esto, vayamos a la óptica más amplia, la del sonido. Cuatro encrucijadas en las trayectorias del argentino y el español llevan a elucubraciones cabalísticas sobre esa marea que llaman sincronicidad.

1995 | Avalancha y Sueño Stereo

Héroes del Silencio estaba en un momento de crispación, con sus dos líderes, Bunbury y Valdivia, mirando a lugares opuestos. El cantante no solo viajaba a lugares, también lo hacía a culturas, influencias y esbozos de objetivos de vida. Era el año terminal de Avalancha, el disco de Héroes producido por Ezrin, con la presencia benéfica en lo humano de Alan Boguslavsky y que sería el último álbum de los aragoneses. Al otro lado del Atlántico este año 95 también era el del final de Soda Stereo. Hablamos de Sueño Stereo, el hasta luego de Gustavo Cerati como líder del trío y su despedida temporal de los escenarios, queriendo dedicarse a la familia y a los sonidos experimentales. Soda Stereo se había quedado chico para Gustavo y lo natural era abrir las alas y buscar nuevas alturas. 

Avalancha y Sueño Stereo, cada uno en su estilo, coincidían en el hecho que tenían el sonido más eléctrico, cristalino, incluso antiséptico, de toda la discografía de ambas bandas. Avalancha poseía el finísimo perfume a oriente en la intro de La Chispa Adecuada; Sueño Stereo la sintética y revolucionaria coda de Moiré. Estos finales de Héroes y Soda eran los big bangs de donde surgirían futuros hallazgos. 




1999 | Pequeño y Bocanada 

Se terminaban los ´milnovecientos´ con los discos fundamentales y fundacionales de los Bunbury y Cerati solistas. Sí, ya existía Radical Sonora, pero en Pequeño es donde abrió los ojos al mundo el Enrique Bunbury holístico, el nuevo compositor que ya no pensaba solo en las ondas del rock. En la casa familiar de Cambrils el español se entregó a las influencias que le llenaban e hizo oídos sordos de la marabunta vestida de negro que clamaba por más ´sonido Héroes´. Pequeño hizo feliz a su autor y ese gozo se hizo extensivo a quienes escuchaban, primero con asombro y luego con hambre de más.

Tras Soda, tras escuchar mucha música y tras vivir de verdad (que no es poca cosa), Gustavo Cerati estaba listo para darle al mundo su visión personal en Bocanada. Este disco -añado, este clásico- rompía radicalmente con el Gustavo-Soda, con el guitarrista ortodoxo, apoyándose en la experimentación como lienzo y con la tecnología como pluma para nuevos renglones. Bocanada no era un disco electrónico ni de modas, era un disco moderno y disruptivo (lo sigue siendo).




2002 | Flamingos y Siempre es Hoy 

Tras la sencillez de Pequeño, Bunbury ya tenía el oxígeno, el ánimo y la confianza de las estructuras para grabar un disco de magnitudes insospechadas. Flamingos era la superproducción en todos los sentidos de la palabra, con cientos de pistas de múltiples instrumentos, colaboradores de lujo y un Ortíz de Landázuri como león dominador en la faceta de compositor. El artista no volvería a registrar un disco bajo estos esquemas, dándole un giro de tuerca a sus métodos en su obra posterior. En esto último el español y el argentino coincidirían, porque ese mismo año Cerati lanzaría el disco Siempre es Hoy, un ejercicio que tampoco repetiría en el futuro.

Gustavo enfocó Siempre es Hoy como una oda sintética, donde hizo lo que quiso y como quizo, se arriesgó en muchos de sus tracks, cometió algunos pecados y bien por ello, porque le mostraron sendas nuevas por donde transitar. Sí, existieron voces que clamaban en el desierto por el regreso del rock con firma Cerati pero esos reclamos quedaban en el limbo, porque el bonaerense tenia claro que rompiendo se aprende. 2002 fue el tiempo de los extremos sonoros para las dos voces, el uno hacia el rock magnificado y el otro hacia el bodegón electrónico. 




2007 | Las reuniones

Como si de un caprichoso avatar del destino se tratara, Bunbury y Cerati se juntarían con sus bandas de origen en el mismo año. Mientras Héroes del Silencio se marcaban diez fechas históricas Soda Stereo (registradas en disco y vídeo) se lanzaban a la gira Me Verás Volver, más amplia y multimedios, también llevada a todos los formatos. 

Es aquí donde parecían cerrar sus heridas los dos artistas, quizás mas profundas en el caso de Bunbury por lo traumático que fue el coitus interruptus de Héroes. Lo cierto es que se les vio a Enrique y Gustavo sanamente conectados con su pasado, equilibrados en sus sentires y descargados del veneno de los dimes y diretes. El público vio estas reuniones como un obsequio -incluso un milagro- pero ambos frontmans seguramente lo vivieron como una terapia de amor intensiva, de la cual salieron fortalecidos. 



La historia posterior se escribió en paralelo, sin apenas rectas secantes. Cerati se acercaría al rock adulto en Ahí Vamos y Fuerza Natural. Bunbury profundizaría en la música latinoamericana (El Viaje a Ninguna Parte, Licenciado Cantinas) y forjaría su propio concepto del rock hecho en casa (Hellville Deluxe, Las Consecuencias, Palosanto).

Hoy, tristemente no tenemos entre nosotros a un Gustavo Cerati que a sus 60 años tendría el platino de la lucidez en una obra que en un ejercicio de imaginación se nos antoja habría sido magistral. Por otro lado, Enrique Bunbury se encuentra en el mejor momento de su carrera, con un disco actual y impresionante (Expectativas) ademas de una presencia de autoridad en los escenarios. Malditas antípodas -por la ausencia de Gustavo- y benditas coincidencias por dos vidas artísticas que han enriquecido a generaciones que se expresan en castellano. Cerati y Bunbury: Lo que une el tiempo y el sonido que no lo separe la muerte.








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