Café Tacvba: 25 años del monumental Re

Tras el mito del White Album latinoamericano



[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo

Cuando se habla de los mejores discos en la historia musical del rock latinoamericano no es extraño que una gran mayoría oriente su mirada al soberbio y laberíntico Re (1994) de los Café Tacvba, álbum que acaba de cumplir 25 años de su lanzamiento, el 22 de julio de 1994. Definitivamente un hito en su carrera. Un antes y después en muchos aspectos para el devenir de estilos que le sucedieron.

Camaleónicos como nadie, tanto en imagen como en lo musical, supieron plasmar con maestría su cosmogonía particular en una amplísima gama de géneros, que van desde los ritmos regionales mexicanos, el bolero y la música norteña hasta el pop, el punk y el ska. La crítica siempre ha comparado a Re con el White Album de The Beatles: razón no les ha faltado. Guardando las distancias musicales, son más semejantes de lo que parece. La cantidad, variedad de estilos, vaivenes de estados emocionales producidos por esa diversidad y calidad de composiciones los ponen hombro con hombro, cada uno en su propia parcela. 

El disco se grabó artesanalmente entre Cuernavaca (Morelos) y Los Angeles (California) bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla, toda una garantía del buen hacer y mejor gusto. Santaolalla ya les había producido su primer disco. La semilla de esta colaboración se sembró entre las notas de La Chica Banda y Pinche Juan.

A pesar de manejarse entre tantas tesituras, el disco se reproduce con total coherencia, sin flecos sueltos ni aristas que representen altibajos en el interés del oyente, especialmente porque en Re lo cíclico de la música y sus diferencias culturales se mantuvo como premisa primordial, generando una identificación natural con el escucha. 


Abre el disco El Aparato, una delirante historia de ovnis a ritmo de jarana, cortesía de Joselo Rangel. Toda una declaración de intenciones para empezar. La Ingrata, el gran éxito y single promocional, nos muestra las habilidades de su tecladista Emmanuel del Real a la melódica, dentro de un ritmo tex-mex totalmente contagioso y unas estrofas hilarantes a la vez que sórdidas (inolvidable el pollo y el cabello rojo radiactivo de Rubén Albarrán en el videoclip). Radicalmente cambiamos de dial con las contrastantes El Ciclón (un funk con reivindicaciones ecológicas) y El Borrego (tecno-punk total, un guiño a la visceralidad de la adolescencia). 

Se abre en canal el corazón de la banda con Esa Noche, un bolero delicado y sublime, dedicado a la gran Chavela Vargas. 24 Horas y El Metro son las odas a la vida moderna y sus aceleraciones vitales. Trópico de Cáncer es el himno acústico que denuncia la relación humanos-naturaleza, explotación-regeneración. Fin de la primera mitad (para los que teníamos el disco en un cassette).

El Fin de la Infancia es un potente y acelerado ska, aderezado con una sección de metales al estilo de Sinaloa. Un nuevo contraste llega con Madrugal, un bolero de trío escrito por Quique Rangel, con una letra sencillamente genial  con un final gratamente desconcertante. Su brevedad es una delicia.

Llegamos a uno de los temas más inspirados de Re: Pez / Verde, dos canciones en una. Un Happiness is a Warm Gun en toda regla. Una composición de pop superior con una letra profunda y evocadora y Meme en primer plano a la voz (un faceta suya a veces infravalorada, teniendo a su lado un frontman del nivel de Rubén).

El folklore de raíces llega con La Negrita (con un sabio regusto a la soleada Veracruz) y el supremo El Tlatoani del Barrio, percusivo y narrativo total. Una historia para no perderse ni un detalle, especialmente por su relación con el universo personal de Ruben Albarrán (en aquel entonces con el seudónimo Cosme).

El otro gran éxito individual de Re fue ese enorme single llamado Las Flores, alegre y saltarina al compás de la melódica y la jarana. El Baile y el Salón es un tema sugerente, con un fraseo vocal de Rubén emocionante, guitarras funk y unos acordes monumentales de piano en el estribillo. El Puñal y el Corazón es un toda una oda al desengaño, el despecho y la tragedia del desamor. El violín es la seña de identidad de este tema con reminiscencias a mambo y caribe.

El disco cierra con el delicado cuadro al óleo llamado El Balcón. Guiado por un piano vintage y una letra costumbrista. Una despedida a media voz, muy al estilo del Good Night del White Album pero con sangre mexicana y sentimiento universal.

Los premios y reconocimientos no se hicieron esperar. Las ventas tampoco. La consagración internacional de la banda les permitió poder dedicarse con holgura a seguir creando discos de calidad, pero los niveles alcanzados por Re marcaron el punto álgido de su carrera.

Los Café Tacvba, 25 años después, se mantienen como uno de los más firmes referentes de creatividad y riesgo llevado a la música. Su estilo innovador y autóctono ha sido imitado, revisado, parodiado y homenajeado hasta la saciedad, pero nunca igualado y menos superado. Independientemente de los aires y vibraciones de sus discos posteriores (su discografía es su enorme óleo que aún se pinta) los Tacvbos hace un cuarto de siglo ya habían dejado una huella indeleble en la cultura latinoamericana. Hoy conservan ese espíritu de camaleones y centinelas de ese gran monumento llamado Re.






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