Crítica | Thom Yorke: La significativa estructuración de las paranoias

Anima
[XL / Popstock!
★★1/2



[Ricardo Portmán] @ecosdelvinilo

El nuevo episodio de Thom Yorke como solista genera una nueva caída de quijada, para bien o para mal. Con el nombre del Yorke en su portada Anima es tan buen disco, como irregular si fuera de Radiohead, lo cual explica por sí solo porque el cantante necesita de esta aventuras inquietantes para darle salida a un material tan personal que se hace laberíntico para gran parte de los oyentes. Anima es tan sombrío y tenso como The Eraser y Tomorrow’s Modern Boxes, una significativa estructuración de las paranoias de un artista tan genial como intrincado en lo emocional.

El de Oxford tiene claro que lo suyo no es parir música complaciente; lo suyo es generar landscapes sensoriales que martillan en rápida sucesión (Traffic, The Axe, Twist, Not The News) con la más que evidente búsqueda de autocomplacencia (para eso precisamente es que se permite estos discos, al margen de la banda madre) sin detenerse en el análisis de si lo que publica es pertinente para un público que le sigue desde hace décadas. Dawn Chorus es la única pista que nos lleva temporalmente a tierra conocida, lo cual se antoja más como un accidente que como una decisión razonada de Yorke.

Anima, en resumen, es una obra inmaculada en lo técnico, enigmática en sus argumentos, creíble en sus intenciones y esquivo para las masas. Thom Yorke es una voz autorizada de nuestro tiempo y con este álbum su crédito se sostiene con solidez, más allá que nos enamore o nos repela cada entrega de su carrera individual.  







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