Rocketman: Elton John entre luces y sombras

Rocketman: Elton John entre luces y sombras
Teresa Cerón nos comparte su veredicto del biopic del artista británico



[Teresa Cerón López] @ecosdelvinilo

Rocketman va sobre un fenómeno musical. Concretamente sobre un fenómeno pop que se hizo llamar Elton John, y batió récords de permanencia en las listas de éxitos de todo el mundo. La cinta solo necesita un visionado para demostrar al espectador que va más allá de querer ser un simple biopic magistralmente dirigido por Dexter Fletcher, y que aunque la estrella en cuestión haya supervisado y asesorado el guión de toda la película, no maquilla las sombras que rodearon una vida marcada por las dos caras de la moneda: La del éxito que acompañó a canciones como Tiny Dancer o Your Song, y el eterno conflicto personal que marcó la vida del intérprete de I’m Still Standing.

Rocketman es un musical puro y duro (los más entendidos lo califican como  “de corte clásico”) que arranca con un Elton John vestido de demonio buscando su redención en una interesante sesión de terapia grupal. Y es aquí, queridos amigos, donde comienza el meollo. La historia. El eterno recuerdo . El rescate de una infancia marcada por la música (el niño tiene facultades de Mozart frente al piano) y por la falta de afecto de un padre que roza la crueldad. El autoritarismo del progenitor, incapaz de regalar al niño un abrazo, marcará las relaciones personales de la futura estrella del pop en la que se convertirá años más tarde.

Sin ser una película melodramática, la cinta no esconde la miseria del backstage, ni el devenir personal de Elton John -perfectamente interpretado por Taron Egerton- pero permite que  la música se entrelace con gracia en la trama, hasta convertirla en la verdadera protagonista de la sala de cine.

Rocketman tiene la habilidad de dar sentido a una simbiosis, que podríamos calificar de mágica, entre la obra de un músico colosal y sus circunstancias durante la creación. Así pues, ustedes se toparán en las narices con un artista a ratos estúpido, superficial y antipático, al que patearían el culo ante la primera frivolidad y del que se compadecerán cuando comprueben que lo único a lo que aspira es a ser rescatado como persona. 

Mientras dura la película, uno se plantea como espectador ciertos dilemas. Quizás, el más significativo, nos lo muestre Elton al saberse incapaz de separar a la estrella que ilumina el escenario, del hombre que no se atreve a destapar su homosexualidad  cuando se apagan los focos. Su relación con el bueno de Bernie Taupin, letrista mayúsculo interpretado en esta ocasión por Jaime Bell, queda perfectamente filmada. En Rocketman no se disfrazan las pasiones, las confidencias, y los enfrentamientos entre ambos amigos, quedándonos claro que cuando se producían fisuras en su amistad, estas eran provocadas por la frivolidad de un artista altivo que no sabía escuchar.

La música en la película es una celebración constante que, nos permite ser testigos, del ascenso meteórico de una carrera sin precedentes. Con la música como escudo, el protagonista exhibirá su excentricidad, dependerá de todo tipo de drogas para alimentar su Olimpo, y se convertirá en una especie de esperpento humano ahogado en el exceso. A veces, provoca tanta lástima en nosotros que lo abrazaríamos sin dudarlo.

Pero lo realmente atractivo de la película de Fletcher es la honestidad. Las dos sonrisas que se adivinan en Elton John: La que está vacía y le confiere cara de tarado, y la desvalida. Esta última es profunda y nace de su interior. Nos advierte que debajo del traje de lentejuelas, hay un ser humano que en el fondo de los fondos, aspira a que lo queramos tanto como a su impecable obra musical.






Copyright © 2019 Ecos del Vinilo.
Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin previa autorización del autor.