EL REGRESO DE LOS PILOTOS DESCARRIADOS

La contradicción o la reafirmación, la adulación o el fusilamiento, la melodía como vehículo de unos nostálgicos, cuatro talentos que se volvieron al fin un buen vino, no apto para todos los paladares. Todo esto define a los Stone Temple Pilots actuales y a su (pen)último trabajo…
Pasando por alto que siempre se agradecen títulos imaginativos y definitorios en cualquier placa que se precie, no deja de ser toda una oda a su saludable egocentrismo que sólo se titulara como la banda misma.
Su lanzamiento en el 2010 venía ya viciada de una expectativa desmesurada, teniendo en cuenta que la vida de la banda era sólo una lengua muerta.
Difunto el aborto musical llamado Velvet Revolver, y con los Deleo Bros en plan reconciliatorio, los cuatro músicos abrieron los ojos y su sentido común para volver a reunirse y hacer lo que mejor saben y más disfrutan: MÚSICA EN MAYUSCULAS.
El disco es toda una oda a la madurez, la melodía y la maravilla de lo orgánico de las viejas grabaciones. Se pueden oir estupendos arreglos de piano eléctrico, Dean incendiándolo todo con riffs humeantes, líneas de bajo contundentes (thanks Robert!)y una batería marca de la casa. Weyland, como siempre que se centra en lo suyo, está inspirado, se percibe el alivio entrelíneas en su voz de neo-crooner.
Es un disco que merece una atenta y profunda escucha, que gana conforme pasan los días, se degusta y digiere su apetitoso contenido armónico. Visualmente hablando, es un Mustang del 69 serpenteando por Venice Beach. Eso lo dice todo.






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